Cerdeña en furgo III

[Este post fue escrito hace dos noches; es lo que tiene la falta de cobertura. Y tan ricamente, oiga.]

Pues con la pareja de Pamplona estamos ahora. Rosa y Txus nos han dicho que no les importa que les nombremos así que ya lo hemos hecho. Cuando se viaja en furgo se suelen dar coincidencias agradables, puedes tener la suerte de encontrar personas afines con las que compartir la cena, el desayuno o un rato de playa. Así nos ha sucedido con ellos. Ésta es la segunda noche que hemos montado el campamento juntos. Y estamos encantados.

¡Pero vayamos por orden!

La noche en Sinzias tuvo un pequeño contratiempo, mínimo. El parking no era muy amplio y, además con bastante desnivel, pero nosotros ocupamos una esquinita, siguiendo las indicaciones del vecino de al lado, un italiano majo. Su mujer pegó la oreja mientras charlábamos con otros furgoneteros de Bilbao, porque, como nos dijo, le encantaba nuestro idioma.

Pues eso, aparcamos junto a ellos, dejando un ‘corralito’. Y a media noche, abrimos un ojo y vimos que teníamos una autocaravana justo detrás, dando la impresión de habernos bloqueado la salida apurando un mínimo espacio plano. Nos llamó la atención lo dormidos que debíamos estar porque no los habíamos escuchado al aparcar. Y no dormimos ya a gusto pensando que estábamos, como decimos, sin salida.

De modo que a las 6.30 h. estábamos en pie, recogimos y a las 7.00 h. nos marchamos. Lo hicimos rumbo a una playa que nos había sugerido el matrimonio vasco: Feraxi. Si leen este blog: ¡GRACIAS!

Es el lugar en el que más horas hemos pasado hasta ahora. Y allí llegaron Rosa y Txus, y anoche cenamos tan ricamente. Ellos se curraron una súper tortilla de patatas; nos chiflan las cenas con compañeros de furgo, en las que se pone todo sobre la mesa… nosotros ayer teníamos poco chicha, pero hicimos pasta y ellos, como broche, sacaron una botella de moscatel (Azpea, de Lumbier).

Esta mañana, hemos desayunado largo y tendido. Nos hemos despedido y ellos han continuado; nosotros nos hemos ido a la playa, pero el viento nos ha animado a seguirles le pista. Y aquí estamos ahora, en Cea, rodeados de mosquitos, pero tan contentos sabiendo que compartiremos buena cena y mejor charla.

Ellos nos están reconciliando con nuestra vida en Pamplona, de la que tenemos un recuerdo un poquito agridulce. ¡Gracias, pareja!

Un pequeño apunte práctico, al parking de Sinzias llegamos en torno a las 17.30 horas y no tuvimos que pagar. En el de Feraxi, en un pinar que ayer estaba lleno de familias disfrutando del domingo, hemos pagado 5 euros cada día. Pero advertimos que aquí, en Cerdeña, no es raro regatear… Porque a Txus y a Rosa les pidieron 10 euros, nosotros les dijimos que ni de broma, ¡Y pagaron 3 euros!

Ah, y hoy antes de abandonar el aparcamiento le hemos comprado queso a un tipo en furgoneta, ¡Y también hemos conseguido una mini rebaja de 2 euros!

Mañana, más…

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