Empecemos por lo penúltimo: 48 horas en Oporto.

Vaya por delante nuestro deseo de un año llenito de viajes en tren, en avión, en bici, a pie y, sobre todo, en furgo.

Las personas ordenadas suelen comenzar por el principio, nosotros hace tiempo que entendimos (y asumimos) que vivimos en un pequeño caos. Por eso, dejamos en el tintero algunos viajes como la ruta por la Isla de Arrán en Escocia; el regreso a casa atravesando Europa desde Reino Unido hasta España; Lisboa y alrededores; así como la última -y navideña- escapada al Pirineo catalán, para contaros el penúltimo viaje. Nosotros empezamos por lo penúltimo.

Nos declaramos incondicionales de Portugal. Nos gustan sus ciudades y pueblos, sus playas y nos vuelve locos su gastronomía. Aprovechamos los dos últimos puentes del año para escaparnos a Lisboa, en octubre, y a Oporto, en diciembre.

 

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(© Unsplash)

Había transcurrido muchísimo tiempo desde que ambos habíamos estado en la ciudad que baña el Duero. Si éste es también vuestro caso y la visitáis ahora descubriréis que en Oporto, en este momento, hay más turistas que nunca. Y la mayoría son españoles.

Salimos de Madrid a última hora de la tarde del 5 de diciembre, con niebla y bajas temperaturas. Decidimos hacer noche en Ciudad Rodrigo (Salamanca), en varios foros habíamos leído que se podía pernoctar en el parking del Mercado.

No tiene ningún tipo de servicios para furgos o autocaravanas, pero por la noche es una zona tranquila, hay bares para desayunar y supermercados en las proximidades. Además, está a unos 200 metros de la entrada al casco histórico. Eso sí, suponemos que en días laborables la actividad en el mercado empezará muy pronto.

Antes de parar el motor, dos sorpresas: parada de la Guardia Civil a la entrada del pueblo en un control rutinario (carnet, papeles de la furgo, etc.) y al aparcar y salir fuera, descubrir que llevábamos una buena capa de hielo en los retrovisores y en el toldo.

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A la mañana siguiente, iniciamos el viaje, después de haber dado cuenta de un desayuno doble a base de porras, churros y tortilla de patatas, y recorrer el casco histórico así como haber comprado las viandas propias de la zona, esto es: chorizo, lomo, etc.

Tras cruzar la frontera a Portugal, la primera obligación es gestionar el pago de las autopistas, puesto que muchas de ellas permiten tan solo hacerlo electrónicamente. No hay peajes, sino portalones con cámaras dónde comprueban si has pagado, y si no… ¡Pues receta que también llega a España! Entrando a Portugal por  la A-25 hay un Welcome Point en el área de servicio de Alto de Leomil (Vilar Formoso) y allí se puede pagar.

La primera noche en Oporto la pasamos en un hotel que, por motivos laborales, debíamos conocer. Pero la siguiente, después de un día intenso recorriendo la ciudad y alguna de sus bodegas, dormimos en nuestra furgo. La ciudad tiene varias opciones donde aparcar (y pernoctar) relativamente cerca del centro (unos 15/20 minutos andando) en los márgenes del río y dónde es habitual encontrar furgos y autocaravanas. Como siempre, cuando dormimos en ciudades procuramos ser lo más discretos posible (¡imprescindible el poty!).

No pretendemos escribir una guía exhaustiva de Oporto, tan solo recogeremos algunas direcciones que a nosotros nos encantaron.

1.- Adega de Sai Nicolau. A estas alturas quienes leéis este blog y seguís nuestras RRSS sabéis de sobra que nos pierde la comida. Nos hablaron de este restaurante y fue un acierto. Es imprescindible reservar dado que se trata de un pequeño y concurrido restaurante en Ribeira, es decir, la zona del río. Atención al pulpo rebozado.

2.- Seguimos comiendo. No se puede visitar Oporto y no probar la francesinha. Los viajes son para pasarlo bien y dejarse de ataduras o, en este caso, no pensar en las calorías. Hablamos de una auténtica bomba: un sándwich relleno de embutido (jamón, mortadela…) y carne (ternera o cerdo), cubierto con queso gratinado y con una salsa picante… por si fuera poco en algunos sitios ¡la sirven con huevo!. La lista de locales que anuncian preparar ‘LA MEJOR’ es infinita, pero nosotros recomendamos elegir cualquier tasca, por ejemplo, Churrasqueira Moura (Rua do Almada, 219-223). Una buena señal es que está hasta la bandera de locales.

3.- Más recomendaciones. Subir a la última planta del edificio situado en el número 178 de Rua de Passos Manuel y descubrir Maus Hábitos. Fue una casa okupa y, desde hace más de quince años, es uno de los locales con más rollo de la ciudad. Las vistas son muy especiales, combina restaurante, café y sala nocturna. Ah, y los camareros, al menos ese día, fueron encantadores. Las plantas de abajo siguen siendo un aparcamiento de coches.

4.- Alejarse de las tiendas gourmet de nuevo cuño y elegir las de toda la vida. En Rua do Bonjardim hay algunas de ellas especializadas en bacalao, quesos, vinos, café… A nosotros nos encantó, entre otras, O pretinho do Japao. Y volvimos cargados de latas de sardina, paté de bacalao y salmón, así como quesos buenísimos y pan para acompañar.

Además es de obligada visita el Mercado do Bolhao. ¡Impresionante!

Pese a haberse convertido en una ciudad, como decíamos, abarrotada de turismo, el encanto de Oporto reside en esa parte decadente que, por fortuna, todavía conserva. Mantened los ojos bien abiertos porque todavía es posible encontrar tiendas antiguas especializadas, por ejemplo, en escobas y cepillos. Eso sí, con cierto lavado de cara. Una muestra es Escovaria de Belomonte, fundada en 1927.

Nosotros huimos de las filas, de modo que no aguardamos ni accedimos a la archiconocida Librería Lello, inspiradora de algunos de los episodios de Harry Potter. No somos fans de los lugares llenos hasta la bandera ni tampoco del pequeño mago, aunque sabemos que es un espacio bellísimo porque estuvimos hace mucho tiempo.

5.- Pasear sin rumbo fijo, subir y bajar cuestas. Hacerlo aunque, como nos sucedió a nosotros, llueva a mares. En ese caminar impenitente conviene acercarse hasta la zona vertebrada por la calle Miguel Bombarda. Allí se concentran galerías de arte y multiespacio 100% interesantes.

Nos gustó mucho, por ejemplo, Early Made. Combina diseño, artesanía y moda 100% fabricados en Portugal. Además, tiene un patio al fondo en el que se puede tomar un café.

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(© Early Made)

A quienes les gustan las tiendas de moda y complementos vintage les recomendamos Patch Porto (Rua do Rosário, 193).

6.- Darse un atracón de azulejos. No dejar de visitar la Estación de Sao Bento y la Capilla de las Almas.

48 horas después, abandonamos Oporto para continuar ruta. Nos detuvimos en Aveiro, donde uno de nosotros pasó una noche en otra furgo hace tiempo. El recuerdo de esta localidad nada tenía que ver con el momento presente. Es decir, también plagado de turistas.

Huimos junto al mar. Dormimos en Praia Vagueira, donde hay plazas de aparcamiento especialmente reservadas para furgos y autocarvanas (sin servicios, pero junto al pueblo y a pie de playa).

A la mañana siguiente, tras hacer la compra en el mercado local (¡qué bueno es viajar con la nevera a cuestas!), regresamos a Madrid para evitar atascos.

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(© Unsplash)

Lo dicho, felices viajes en este nuevo año.

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La ducha, ¡Ay, la ducha!

Cierto, una ducha cuando te despiertas resulta maravillosa. Una ducha, tras una larga jornada conduciendo y/o visitando lugares, es reparadora. Pero no siempre es posible. He aquí nuestros trucos para mantener el tipo cuando no se cuenta con ella.

Diremos que una de las duchas que más hemos disfrutado en nuestra biografía furgonetera fue en Portugal, pero el cuaderno en el que anotamos casi cada paso está ahora en España, en una de las cajas que contienen nuestra vida. De forma que no podemos confirmar el lugar. Lo sentimos.

Sucedió que pasamos varias jornadas en una playa en la que no había ninguna toma y no encontramos dónde reponer los depósitos que llevábamos en la Traffic. Dimos con una en una gasolinera, pero ‘amablemente’ tenían el grifo cancelado. Andábamos desesperados porque necesitábamos asearnos, fregar los platos y llenar los depósitos. Entonces tuvo lugar el “milagro”.

Pasábamos por un pueblo, muy pequeño, y algo hizo que nos detuviéramos. Sí, una fuente y unos baños con pinta de abandonados. Dentro un habitáculo que en su día debió ser una ducha, y que entonces tan solo tenía el agujero de una tubería en la pared. Nos dijimos el uno al otro: ‘¿Lo intentamos?’. Entramos, giramos el grifo y… ¡Agua! Os aseguramos que es una de las duchas que ambos más hemos deseado, necesitado y disfrutado. ¡Cómo cantábamos!

Durante otro viaje en la Traffic probamos con un ducha solar portátil que compramos en Decathlon. Estrenarla y pincharla fue cuestión de un minuto… (¿Quién lo hizo?) En la T6, durante el verano, llevamos un depósito extra de 20 litros con ducha. Evidentemente la temperatura del agua no es caliente, pero es asumible incluso para personas frioleras.

Procuramos no verter jabón, por eso, a veces, nos aseamos tan solo con agua. Necesitar desesperadamente una ducha se convierte a veces en la principal razón para pasar la noche en un camping.

Desde que llegamos a Escocia hasta la fecha no ha hecho calor y no creemos que lo haga, tampoco hemos realizado largos viajes. ¿Cómo lo solucionamos? ¿Qué contiene nuestro neceser?

Por supuesto, toallitas de bebé y desodorante.

Hemos probado el champú seco extrasuave a la leche de avena de Klorane. Y funciona. Es tan sencillo como pulverizar la zona de las raíces, dejarlo actuar durante un par de minutos, y peinar el cabello. El aroma que deja es muy agradable.

 

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Somos dos y nos sobra espacio, pero solemos reutilizar botes pequeños de champú y gel de la estancia en algún hotel y muestras que nos entregaron con la compra de algún cosmético.

Llevamos tres pequeños neceseres y sabemos cuál coger en función de lo que necesitamos. El contenido es:

  • Los cepillos de dientes y un mini tubo de pasta.
  • Agua micelar limpiadora, la de Uriage tiene el tamaño perfecto y la usamos, por la mañana, para ‘lavarnos’ la cara. Algodones para aplicarla.
  • Crema facial. De día y de noche.
  • Un bote de gel y otro de champú por si, afortunados, toca ducha.
  • Mini envase de crema para hidratar el cuerpo.
  • Fotoprotector facial de ISDIN.
  • Stick labial con protección solar de Avène.
  • Alguna muestra de cosméticos.

 

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En verano, por supuesto, son imprescindibles:

  • Crema solar corporal. Solemos llevarla en la puerta, para no olvidarla y cogerla para la playa o la montaña. Uno de nosotros se da antes, durante y después, es decir, todo el tiempo. Difícilmente se quemará… pero el otro (sí, el otro) tiene sus propias teorías acerca de ponerse o no moreno y suele terminar chamuscado.
  • Aftersun, el clásico. A uno de nosotros le chifla su aroma; el otro no lo soporta y curiosamente es el que más lo necesita porque casi siempre se quema.
  • Un mini pulverizador de agua termal, también de Avène. Refresca e hidrata la cara, y sienta fenomenal si la noche es cálida.
  • Ah, y repelente de mosquitos en casi todas sus versiones: spray, roll-on, pulsera y pegatinas que colocamos en casi cualquier lugar de la furgo.

 

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¿Y en vuestro neceser furgonetero qué encontramos?

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Cuando levantas la persiana.

Y ves el mar. Un bosque. O sencillamente el horizonte. Lo mejor de viajar en furgo es elegir las vistas de tu despertar.

Cuando en 2012 hicimos nuestro primer viaje juntos a Portugal, en la Traffic de mi hermano, Nacho, comenzamos a coleccionar amaneceres mágicos.

Aquel viaje lo compartí en El Hedonista. Y con frecuencia lo recordamos para revivirlo. Por ejemplo, cómo fue amanecer en Cabo da Roca (Parque Natural de Sintra-Cascais). Es un lugar altamente recomendable aunque resulta un tanto aislado o dé canguelo… ¡No pasa nada!

El cielo mágico que nos meció durante aquella noche en Almograve, a un paso del mar, junto a un restaurante abandonado. Y a la mañana siguiente, poder disfrutar del placer de bajar a la orilla de la playa y practicar yoga.

Viene a nuestra memoria, cómo no, el encuentro con Mabel y Martín. Coincidimos en Melides, al despertar. Llovía, y tanto ellos como nosotros decidimos continuar el viaje sin tener muy claro hacia dónde. Dos días después, nos encontramos de nuevo. Fue en la playa de Furnas, cerca de la localidad de Vila Nova de Milfontes.

A partir de ese momento, compartimos la cena, el pollo escabechado de mi madre (que tanto gustó a los mosquitos tamaño helicóptero), el vino, las risas… ¡Y alguna que otra hora volando cometas!

Resulta imposible olvidar cuando, ante un cruce, elegimos ir a la izquierda y nos dimos de bruces con el paraíso: Monte Clérigo. Estuvimos dos días, seguimos hacia el turístico Algarve y, sin dudarlo, regresamos, de nuevo, a la tranquilidad de ese pequeño y encantador pueblo.

Sin demasiado esfuerzo, podemos casi saborear aquellos desayunos pantagruélicos, las bolinhas en la playa y aquellos platos de arroz con pulpo acompañados de vino verde. ¡Menos mal que la furgoneta estaba aparcada en la puerta y que de allí no nos movíamos!

Fue nuestro primer viaje juntos. Entonces ya supimos que meteríamos monedas y billetes en una hucha, en forma de cerdo, y de barro, con un claro objetivo: comprar una furgo.

Recordamos la Renault de Nacho con nostalgia. Él, que es un manitas, camperizó el vehículo que utilizaba en el día a día para llevar material a las obras. Poner y quitar la casa requería un rato largo, pero resultaba confortable.

Ahora nos piden que enseñemos nuestra T6 porque es nueva y llamativa, pero aquella tuvimos que mostrarla en más de una ocasión porque la obra de artesanía que ocultaba era única. ¡Y llamaba la atención!

En esta nueva etapa, nuestro primer despertar sucedió en Biarritz. La foto que ilustra esta entrada es lo que apareció ante nuestros ojos al subir la persiana. Eso es lo que cada vez que salimos hacemos con emoción y curiosidad. Justo antes de levantarla, formulamos una pregunta:

¿Cómo será el día, hoy, en este lugar del mundo?

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