Volvemos a los Cotswolds.

¿Creíais que habíamos desaparecido? Casi, pero no. Tras nuestro regreso a España, a finales de agosto, no hemos tenido demasiado tiempo libre y éste lo hemos utilizado en lo que más nos gusta: viajar.

Cuando creamos este blog lo hicimos con el firme convencimiento de disfrutarlo, de no convertirlo en una obligación, pero también es cierto que echamos de menos compartir lo vivido en la isla de Arran, que visitamos justo antes de abandonar Escocia; nuestro viaje de vuelta a través de Inglaterra, Países Bajos, Bélgica y Francia; así como las últimas escapadas a Lisboa y a Oporto, justo hace unos días.

De momento y dado que la Navidad ha llegado, aprovechamos para compartir las fotografías que, justo hace un año, hicimos en Inglaterra, concretamente en la pintoresca zona de los Cotswolds, cuando nos dirigíamos al sur de Inglaterra, para tomar el ferry y volver a casa para comernos los turrones.

Tres son los pueblos que, al menos, os recomendamos visitar: Bourton on the water, Burford y Arlington Row, en Bibury.

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Si podéis hacerlo en la época navideña, descubriréis que por esos lares no se estilan los árboles de plástico ni los adornos artificiales. Todo lo contrario, se toman muy en serio lo de engalanar puertas y ventanas con plantas y frutos naturales.

 

Puerta navidad

 

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Si decidís visitar la zona en invierno, os recomendamos ir preparados para pasar un poco de frío, y llevar provisiones para las largas horas de oscuridad porque anochece realmente pronto. Para nosotros un par de libros y un par de series completas se convirtieron en indispensables en nuestros viajes invernales por Reino Unido, las horas de oscuridad se pueden hacer muy largas.

Aunque Inglaterra no es tan permisiva como Escocia en lo que se refiere a acampada, no tuvimos ningún problema en pernoctar en alguno de los parkings turísticos que hay en la entrada de los pueblos. Eso sí, la soledad hizo que alguno de nosotros (o alguna) sintiera cierta intranquilidad al principio de la noche.

 

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Hoy, volvemos a los Cotswolds, aunque solo sea con el recuerdo.

#keeprolling

The Lake District, Inglaterra.

En la región de Cumbria, en el norte de Inglaterra, existe un parque natural de gran belleza. Lo es por las elevadas montañas, por la vegetación y la fauna, pero sobre todo por los enormes lagos que allí se encuentran. Es The Lake District. Y a nosotros nos encanta.

Tanto que lo hemos visitado en diversas ocasiones. Está a poco más de una hora y media de casa y nos escapamos cuando podemos, sin pensarlo dos veces. Nos gusta especialmente un pueblo llamado Keswick y una pequeña aldea próxima, Buttermere. La carretera que une ambos lugares es maravillosa, pero no apta para quienes se marean o pasan miedo en carreteras estrechas y con precipicios.

La primera vez que fuimos, recorrimos andando el lago de Buttermere. Apenas fue una hora y posiblemente lo que más llamó nuestra atención fue el tamaño y el color de las ovejas. ¡A estas alturas ya os habéis dado cuenta de todo lo que nos gustan!

 

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Como dijimos, la carretera es estrecha (muy estrecha, demasiado) y sinuosa. De vuelta, vivimos una situación de ‘terror’ al encontrarnos con un camión. Sin sonreír, el conductor no se detuvo y no hizo ademán de facilitar las maniobras. Todo lo contrario. Aceleró su vehículo y frenó justo a medio metro del morro de nuestra furgo.

Nos dejó claro que si alguien debía dar marcha atrás no era él. Tras conducir mirando por el retrovisor varios cientos de metros, y sintiendo la presión de su cara impasible y el sonido de su motor casi pegado al nuestro, solo cuando él pudo pasar, nos regaló una sonrisa. ¡Ay, Reino Unido y sus carreteras!

Ya en Keswick y gracias a una amable señora de la oficina de turismo, supimos que en las afueras del pueblo existe una pequeña carretera sin salida en la que ‘se puede’ aparcar. En Inglaterra, a diferencia de Escocia, la acampada no es libre.

Este gran descubrimiento se encuentra poco después de pasar la gasolinera que hay saliendo del pueblo hacia Portinscale y la A66. Está entre un gran campo, en el que pacen las ovejas, y un río; casi siempre hay un buen número de furgos y autocaravanas (por lo que es muy evidente y fácil de encontrar). De forma que tener hueco es cuestión de suerte. Nosotros siempre la hemos tenido de nuestra parte. En cualquier caso, muy cerca hay un camping.

 

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Precisamente, la primera vez ‘sufrimos’ el ruido de los usuarios del camping que volvían tras cenar o tomar algo en el pueblo. Entre ellos, varios españoles con un volumen de voz, pues eso, muy español. La última, tanto el viernes como el sábado, cerca de las 3 am, hubo un grupo de ‘graciosos’ que llegó sigilosamente con un coche hasta el final y recorrió los 200 metros de la carretera quemando rueda y haciendo ruido. Ya sabéis que tontos se encuentran en todas partes, en The Lake District también. Pese a todo, el sitio es perfecto para pernoctar una o dos noches.

Siguiendo un sendero, en apenas medio kilómetro se llega a Keswick. Es un pueblo turístico pero que nada tiene que ver con Windermere, más al sur y también dentro del distrito. De hecho, en una ocasión, nos acercamos a este último y vimos tantos y tantos turistas que ni siquiera bajamos de la furgo.

Como decíamos, Keswick ofrece una interesante oferta para disfrutar del fin de semana y no solo hablamos de actividades al aire libre o en el lago Derwentwater. Por ejemplo, cuenta con multitud de tiendas especializadas en montaña, la mayoría con buenos precios. A quien le guste el diseño escandinavo, le recomendamos visitar Nordic Outdoor. Resulta una tentación para los furgoneteros ya que encuentras, por ejemplo, los artículos de menaje de la firma Light my Fire.

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También las mochilas de Fjällräven Kånken, que tanto nos gustan. Tenemos una pero nos encantaría poseer una de cada color. En la tienda de Keswick, además, los colores son realmente singulares.

 

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En esta zona, la industria minera ha sido fundamental. Concretamente, la extracción de grafito. Por eso, cuenta con una fábrica de lápices, e incluso, un museo, Cumberland Pencil Museum, que sufrió graves daños durante las inundaciones que asolaron la región en 2015. Está previsto que reabra en unas semanas. De momento, en el centro del pueblo, se puede visitar la tienda de la firma de lapiceros Derwent.

The Lake District está vinculado a Beatrix Potter. La célebre escritora e ilustradora de cuentos infantiles vivió hasta su muerte en la zona e invirtió en la industria ganadera el dinero que ganó gracias a su éxito literario.

Ella, como nosotros, también sentía especial simpatía por estas ovejas que lucen estupendos ‘abrigos’ de lana en gris, blanco, negro… Murió sin hijos y cedió al estado sus propiedades. Sobre gran parte de ellas, hoy se encuentra este parque natural del que todos disfrutamos.

En Keswick, por ejemplo, hay una pequeña tienda en la que encontrar su obra así como todos los peluches y juguetes que la mercadotecnia ha creado en torno a su nombre. Se llama Peter Rabbit and friends.

 

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Si de libros se trata, existe otra librería muy agradable llamada Bookends. En ella es posible adquirir novelas, poesía y, cómo no, mapas de la zona. Los británicos no ponen un pie en el campo si no es con un buen mapa y una brújula.

Cada sábado, en la calle principal hay un mercado de pequeños productores. Venden pan, mermeladas, salchichas… Si la debilidad pasa por el queso, se encuentra la deliciosa tienda The Cheese Deli.

Además, existe uno de lo pocos supermercados de la firma Booths. El pan es muy recomendable.

 

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Sí, nos gustan las ovejas y también los supermercados. ¡Hasta hemos escrito algún artículo al respecto!

A Keswick se va a pasar un fin de semana relajado y a caminar. La vuelta al lago supone 16 kilómetros. En nuestra primera visita caminamos algo más de la mitad y tomamos un barco que nos llevó al punto de partida, junto al Theatre by the lake. La segunda, decidimos seguir una ruta y ascender a un par montañas: Cat Bells.

 

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No fue muy duro, aunque en algunos momentos se puede sentir algo de vértigo y las vistas merecien el miedo habido y por haber.

 

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Lo mejor fue que al descender hasta la orilla del lago, el sendero nos llevó directamente al embarcadero en el que nos rendimos aquella primera vez. Así que lo retomamos. Hay uno de nosotros (o una) que no se siente bien si no completa los retos.

 

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Como habíamos caminado y quemado calorías de sobra, por la tarde, no tuvimos cargo de conciencia y tomamos un fish&chips. Allá donde fueres, haz lo que vieres, en este caso, dirigir nuestros pasos al local archiconocido por los autóctonos: The Old Keswickian. La calidad confirmó nuestras sospechas, es una buena dirección.

Después del día subiendo y bajando montes, tampoco genera culpa entrar en De Olde Friars y comprarse unos caramelos o chocolates. Esta tienda fue fundada en 1927 y aunque no resulta especialmente económica es maravillosa para quienes aman el azúcar. Y claro, para rematar la jornada, nada mejor que una pinta de cerveza (o varias) en cualquier pub del pueblo.

Si se cuenta con tiempo, sugerimos acercarse a Castlerigg.

 

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Es uno de los círculos de piedras más conocidos de Reino Unido y desde allí se pueden contemplar algunos de los picos más altos de Cumbria: HelvellynSkiddawGrasmoor   y Blencathra. Para saber más, como siempre, remitimos a Wikipedia.

Sin duda, resulta impresionante a pesar de que la gente se sienta encima de las piedras a comer helado. Si se busca una experiencia más íntima quizá haya que acercarse temprano o al atardecer…

#nosinmifurgo
#keeprolling

Britannia: Una de romanos, o dos.

La semana pasada quisimos deciros en qué lugar de Reino Unido nos había sorprendido un atardecer único mientras conducíamos. Quisimos, pero las tecnologías nos jugaron una mala pasada y el texto se esfumó como por arte de magia. Será que vamos muy deprisa. Tanto que la entrada que subimos en sustitución incluía, entre las primeras líneas, una falta de ortografía muy, muy grande. ENORME. Os pedimos disculpas. Lo bueno es comprobar que algunas personas nos leen y nos envían mensajes para que enmendemos el fallo. Gracias.

Y como aquél fue un atardecer inolvidable vamos a intentar recuperar el texto en la medida en que nuestra memoria nos lo permita. Ahí vamos…

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Viajar en furgo tiene muchas ventajas. Una de ellas es que si el trayecto es largo puedes sentir la necesidad de detenerte para descansar o comer algo, y recalar en pueblos y ciudades que, de otra forma, probablemente no conocerías. Eso sucedió en diciembre. Cuando viajábamos hacia el sur, hacia Portsmouth para tomar el ferry, nos detuvimos en Bath. La sorpresa fue mayúscula.

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Llegamos por la tarde, ya de noche. Aparcamos en el centro de la ciudad, en el parking de larga estancia de Charlotte Street y allí dormimos muy tranquilos. En las ciudades no acabamos de sentirnos cómodos, y por eso decidimos estacionar cerca de la máquina expendedora de tickets donde, claro, había varias cámaras de seguridad. Si os animaís a dormir allí os aconsejamos recorrer todo el parking, puesto que aunque la mayor parte de las plazas están en cuesta es posible encontrar espacios bien nivelados. Los precios son: 5,40£ por 4 horas, 6,40 por 6 y 8,50£ por 8.

A pesar de estar cansados, dimos una vuelta por la ciudad. Y antes de ir a cenar a un restaurante chino, que encontramos por casualidad cuando lo que buscábamos era un japonés, incluso tuvimos tiempo de entrar en una iglesia a escuchar un festival de villancicos. El restaurante chino se llama Hoi Faan, está en el nº 41 de St James´s Parade y cumple el famoso tópico de “si hay chinos comiendo en él es bueno”, ¡Éramos los únicos occidentales! Y sí, buenísimo, aunque pidiéramos al azar la mitad de los platos, y la otra mitad señalándole al camarero lo que veíamos en las mesas de alrededor.

Por la mañana visitamos los baños romanos. Optamos por el ticket que también incluye el Fashion Museum Bath y la Victoria Art Gallery. Pagamos 21,50£ cada uno. Los baños merecen mucho la pena, pero los otros dos espacios quizá se pueden omitir.

Sorprende cómo los romanos, al tiempo que invadían, introducían aquello que consideraban esencial en su vida diaria. Véase el uso y disfrute de aguas termales. Sabían que la conquista iba para largo y no querían prescindir de sus costumbres.

En cuanto al museo de la moda, si se han visitado otros centros de estas características, éste se queda pequeño. El interés de la galería de arte depende en gran medida de la calidad de la exposición temporal. En cualquier caso es una observación personal.

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Entre museo y museo, descubrimos, por ejemplo, la librería Topping&Booking, y la encantadora calle Margarets Buildings, llena de pequeñas galerías de arte, librerías de segunda mano y anticuarios.

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Desde allí, y volviendo al parking para retomar el viaje, conocimos otra zona de Bath altamente recomendable, el Circus, bello ejemplo de arquitectura georgiana.

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Como decíamos al principio, la semana pasada no pudimos compartir la entrada sobre Bath, así que aprovechamos ‘la mala pata’ para añadir otro lugar vinculado al imperio romano en Reino Unido. Nos referimos a Hadrian’s Wall (Muro de Adriano).

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Tuvimos la oportunidad de conocerlo el pasado fin de semana. Se encuentra al norte de Inglaterra, en el límite con Escocia, en la región de Northumberland. En su empeño por conquistar Britannia, el emperador Adriano encontró un gran obstáculo: las valientes tribus del norte. Su ejército no pudo avanzar, ni reducir los ataques, así que ordenó construir este muro, de más de tres metros de alto y más de cien kilómetros de largo, para defender el territorio sometido al sur.

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Con el tiempo, el muro se cayó y las piedras fueron en gran medida utilizadas para la construcción de casas particulares de la zona. A partir de 1850 se reconstruyó, y en la actualidad se visita y se camina. De hecho, existe una ruta que discurre paralela: Hadrian’s Wall Path. En 1987 la Unesco lo declaró Monumento de la Humanidad. Quien desee conocer más sobre esta obra, puede consultar la entrada de Wikipedia.

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Es aconsejable visitar los restos de la ciudad llamada Vindolanda. En el museo se puede contemplar una interesante selección de piezas halladas en los años de excavaciones: joyas, calzado realizado en piel, cerámica, etc. Los trabajos continúan hoy por hoy. En el parking, además, tienen el detalle de guardarnos un sitio especial…

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Otro museo muy recomendable en la zona es el Roman Army Museum, especialmente si se visita con niños.

Existe un punto especialmente bonito en este muro: el lugar en el que se encuentra el árbol Sycamore. No tenemos ninguna imagen de él porque íbamos al volante y diluviaba. Por cierto, conducir por las carreteras de la zona resulta muy divertido. ¡No os podéis imaginar qué subidas y qué bajadas! ¡Como un tobogán!

El paisaje es increíble y pudimos ver, una vez más, esas ovejas tan enormes y que tan bien nos caen.

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Lo dicho, pensábamos contar una de romanos y al final, han sido dos.

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