Conociendo la Sierra Cebollera, La Rioja

Amanecimos hoy, como dicen en nuestra tierra, con una rosada tremenda. O para que todo el mundo lo entienda: rociada o helada. El área de autocaravanas de Villoslada de Cameros, en la que hemos pasado la noche, estaba blanquísima…

Cuando llegamos, nos costó encontrar espacio libre, había bastantes furgonetas y autocaravanas. Nos dijeron que Villoslada es un pueblo animado, pero nos pudo el frío y la pereza. Lo hemos recorrido esta mañana, comprando pan sobado o amacerado, este último término también de nuestra tierra, Aragón, en una panadería, la única del municipio, con unos panaderos realmente majos.

También hemos tomado un café en el Bar Corona; nos hemos quedado alucinados con la energía de la camarera, pin-pan, le daba golpes a todo… y un grupo de señores estaba zampándose, cuando todavía no eran las 11 am, platos y platos de anchoas, tortilla de patata y caparrones. ¡Toma ya!

Nos hemos acercado hasta el Centro de Interpretación de Sierra Cebollera, donde nos ha atendido un chico muy amable. Desde allí, hemos conducido -con cuidado por posibles placas de hielo- hasta la Ermita de Lomos de Orio, con una escalinata de piedras muy llamativa. Hemos tenido que aparcar más abajo, porque no hay demasiadas plazas.

El paseo, circular, no ha alcanzado los 8 kilómetros y hemos disfrutado de un paisaje precioso. Acebos, pinos, hayas ya con las hojas caídas y multitud de hongos y setas, aunque no comestibles. Por mucho que hemos buscado boletus, no hemos encontrado…

Llegar hasta las cascadas de Puente Ra es sencillo, tanto que hoy éramos bastantes personas siguiendo la senda. Pero lo recomendamos de todas, todas. Hay que seguir unas marcas amarillas y naranjas.

A la vuelta, hemos comido en la furgoneta. ¡Cómo nos gusta la fabada en lata para estas ocasiones! Parecía que estábamos en el mejor restaurante del mundo, de verdad. Ensalada y fabada, cafecito y en marcha…

Hemos continuado ruta hasta Ortigosa de Cameros. Es un municipio muy sorprendente, en lo alto, con vistas a un embalse -hoy medio vacío- y con dos puentes muy llamativos tanto por su longitud como por su altura.

Uno comunica la iglesia con la otra parte del pueblo, y el otro permite llegar a las cuevas. Si bien, hasta la primavera no se pueden visitar. ¡Volveremos!

Pero lo más bonito ha sido callejear por el entramado de callecitas empedradas, cuestas y rincones múltiples. ¡Y con olor a leña!

Ortigosa es un puzle de casas y casitas, que parecen haber surgido unas encima de otras, aprovechando el espacio, y algunas de ellas con porches bajo imponentes vigas de madera. La parte negativa es que la mayoría están abandonadas.

Hemos continuado con la mirada puesta en Brieva de Cameros, que es una aldea diminuta, pero a la que se accede a través de un puerto y de una carretera impresionante. Sin duda, este recorrido es apto para amantes de la conducción y para quienes no se marean. Nos ha gustado tanto que volveremos, como decimos, en primavera.

Por último, nuestra parada, siguiendo el Najerilla, ha sido Viniegra de Abajo. Es otro lugar muy especial, aunque también con la mayoría de viviendas clausuradas. Existen algunas que son testimonio de la bonanza de aquellos que emigraron a América.

En esta zona, desde no hace mucho, según nos ha dicho un señor, se ha señalizado una ruta para motos y la afluencia de motoristas es elevada. ¡Nosotros le hemos lanzado la idea de crear un área para autocaravanas! Y nos ha comentado que ya lo tiene medio hablado con su hermana.

Aunque viajar en esta época del año tiene la desventaja de la oscuridad, hemos continuado. Hemos llegado a Santo Domingo de la Calzada que, aunque ya lo habíamos visitado en diversas ocasiones, siempre resulta apetecible. Hoy, había mercado de comida y también de antigüedades, y de inspiración medieval, en torno a la catedral. Hoy no hemos entrado a ver la gallina que vive en esta última y tampoco hemos estado mucho tiempo en el mercado dado que tanta gente nos agobia.

¿Dónde estamos ahora? En el camping de Santo Domingo, que es enorme, de hecho, estamos en la ampliación. Los baños son enormes y aunque nos han dicho que había calefacción, nosotros hemos soltado algún juramento en la ducha…

El precio de la noche, con la tarjeta ASCI, para dos personas y con electricidad, es de 20 euros. Hay bastante ambiente, y luces de Navidad por todas partes…

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