Casa Zaldierna merece un viaje

Nos gusta e interesa mucho la gastronomía, por ello, con frecuencia conocer un restaurante o una zona con productos ricos supone la razón de nuestros viajes. Esta escapada a través de Soria y La Rioja tenía una meta: nuestra reserva en Casa Zaldierna.

Zaldierna es una pequeña aldea, a escasos kilómetros de Ezcaray, municipio muy conocido y con un ambiente súper agradable. Allí, sin duda, existe otro lugar, Echaurren, con dos merecedísimas estrellas para la familia Paniego, con el chef Francis a la cabeza, y que asimismo merece un viaje.

Precisamente, Francis Paniego nos habló por vez primera del proyecto de Antonio y de Pilar, propietarios de Casa Zaldierna. Ambos, que son pareja, coincidieron trabajando en la casa de Paniego y, aunque ninguno es de La Rioja, decidieron iniciar un proyecto personal en una aldea en la que apenas viven 6 personas.

Se trata de un lugar con encanto, en un entorno natural maravilloso y en el que este restaurante, que además tiene cuatro habitaciones, supone un gran reclamo turístico.

Hemos comido de cine, como hacía tiempo. Cabe señalar que quienes adoran la caza y las setas, en temporada, como ahora, aquí pueden perder la cabeza. El plato de boletus con crema de calabaza, foie y huevo a baja temperatura ha sido para llorar.

Destaca la parrilla y el sarmiento impregna platos increíbles, pero antes de llegar a principales logradísimos y a platos de cuchara que traen gratos recuerdos, es obligatorio, sí, lo es, empezar por las croquetas. MA-RA-VI-LLO-SAS.

Ahora que están de moda las tartas de queso, la de Casa Zaldierna merece, como decimos, un viaje. Buena, rebuena. Claro que la de cuajada con polvo de boletus por encima… no se queda atrás. Y los helados, además, son de Fernando y Angelines, de la Heladería dellaSera, otra parada obligatoria, esta vez, en Logroño.

Nosotros hemos tomado el menú degustación (42 euros, bebidas aparte) que permite una buena inmersión en la filosofía de la casa. Nos gusta además el vínculo con los productores y la importacia otorgada a los ingredientes próximos. Gran parte de la despensa vegetal procede de La huerta del Oja, un proyecto en manos de emprendedores jóvenes sumamente interesante. ¡Antonio nos ha comentado que los chiles que allí cultivan son espectaculares!

Para nosotros, que procedemos de un pequeño pueblo, tiene mucho mérito el que se inicien proyectos o continúen negocios de toda la vida en el medio rural. Porque los fines de semana, en vacaciones y durante le verano, suele haber gente, pero el día a día, sobre todo en invierno, es realmente duro. Y defender un establecimiento tan especial como Casa Zaldierna, disfrutar de su cocina y atención, pueden ser una buena razón para programar una escapada.

Y claro, antes o después, detenerse en Ezcaray, para darse una vuelta e intentar tener suerte en Casa Masip -nosotros hoy no la hemos tenido- y tomarse un buen aperitivo. También para acercarse a la fábrica de Mantas de Ezcaray y querer, como nosotros, llevarse bufandas de todos los colores.

Conociendo la Sierra Cebollera, La Rioja

Amanecimos hoy, como dicen en nuestra tierra, con una rosada tremenda. O para que todo el mundo lo entienda: rociada o helada. El área de autocaravanas de Villoslada de Cameros, en la que hemos pasado la noche, estaba blanquísima…

Cuando llegamos, nos costó encontrar espacio libre, había bastantes furgonetas y autocaravanas. Nos dijeron que Villoslada es un pueblo animado, pero nos pudo el frío y la pereza. Lo hemos recorrido esta mañana, comprando pan sobado o amacerado, este último término también de nuestra tierra, Aragón, en una panadería, la única del municipio, con unos panaderos realmente majos.

También hemos tomado un café en el Bar Corona; nos hemos quedado alucinados con la energía de la camarera, pin-pan, le daba golpes a todo… y un grupo de señores estaba zampándose, cuando todavía no eran las 11 am, platos y platos de anchoas, tortilla de patata y caparrones. ¡Toma ya!

Nos hemos acercado hasta el Centro de Interpretación de Sierra Cebollera, donde nos ha atendido un chico muy amable. Desde allí, hemos conducido -con cuidado por posibles placas de hielo- hasta la Ermita de Lomos de Orio, con una escalinata de piedras muy llamativa. Hemos tenido que aparcar más abajo, porque no hay demasiadas plazas.

El paseo, circular, no ha alcanzado los 8 kilómetros y hemos disfrutado de un paisaje precioso. Acebos, pinos, hayas ya con las hojas caídas y multitud de hongos y setas, aunque no comestibles. Por mucho que hemos buscado boletus, no hemos encontrado…

Llegar hasta las cascadas de Puente Ra es sencillo, tanto que hoy éramos bastantes personas siguiendo la senda. Pero lo recomendamos de todas, todas. Hay que seguir unas marcas amarillas y naranjas.

A la vuelta, hemos comido en la furgoneta. ¡Cómo nos gusta la fabada en lata para estas ocasiones! Parecía que estábamos en el mejor restaurante del mundo, de verdad. Ensalada y fabada, cafecito y en marcha…

Hemos continuado ruta hasta Ortigosa de Cameros. Es un municipio muy sorprendente, en lo alto, con vistas a un embalse -hoy medio vacío- y con dos puentes muy llamativos tanto por su longitud como por su altura.

Uno comunica la iglesia con la otra parte del pueblo, y el otro permite llegar a las cuevas. Si bien, hasta la primavera no se pueden visitar. ¡Volveremos!

Pero lo más bonito ha sido callejear por el entramado de callecitas empedradas, cuestas y rincones múltiples. ¡Y con olor a leña!

Ortigosa es un puzle de casas y casitas, que parecen haber surgido unas encima de otras, aprovechando el espacio, y algunas de ellas con porches bajo imponentes vigas de madera. La parte negativa es que la mayoría están abandonadas.

Hemos continuado con la mirada puesta en Brieva de Cameros, que es una aldea diminuta, pero a la que se accede a través de un puerto y de una carretera impresionante. Sin duda, este recorrido es apto para amantes de la conducción y para quienes no se marean. Nos ha gustado tanto que volveremos, como decimos, en primavera.

Por último, nuestra parada, siguiendo el Najerilla, ha sido Viniegra de Abajo. Es otro lugar muy especial, aunque también con la mayoría de viviendas clausuradas. Existen algunas que son testimonio de la bonanza de aquellos que emigraron a América.

En esta zona, desde no hace mucho, según nos ha dicho un señor, se ha señalizado una ruta para motos y la afluencia de motoristas es elevada. ¡Nosotros le hemos lanzado la idea de crear un área para autocaravanas! Y nos ha comentado que ya lo tiene medio hablado con su hermana.

Aunque viajar en esta época del año tiene la desventaja de la oscuridad, hemos continuado. Hemos llegado a Santo Domingo de la Calzada que, aunque ya lo habíamos visitado en diversas ocasiones, siempre resulta apetecible. Hoy, había mercado de comida y también de antigüedades, y de inspiración medieval, en torno a la catedral. Hoy no hemos entrado a ver la gallina que vive en esta última y tampoco hemos estado mucho tiempo en el mercado dado que tanta gente nos agobia.

¿Dónde estamos ahora? En el camping de Santo Domingo, que es enorme, de hecho, estamos en la ampliación. Los baños son enormes y aunque nos han dicho que había calefacción, nosotros hemos soltado algún juramento en la ducha…

El precio de la noche, con la tarjeta ASCI, para dos personas y con electricidad, es de 20 euros. Hay bastante ambiente, y luces de Navidad por todas partes…

Otra vez, sin rumbo

Puente, por fin ha llegado el puente. Y menos mal porque andábamos ya con la lengua fuera. ¿Y dónde estamos? Ahora mismo, tomando una cerveza, comiendo algo de queso y escribiendo este post en Villoslada de Cameros (La Rioja).

Tenemos sangre riojana y hemos estado vinculados a su capital, Logroño, especialmente durante los últimos siete años, sacando adelante el hostel Check In Rioja. Pero sucede con frecuencia que a los lugares más cercanos no se les presta atención, ya habrá ocasión… y la vida entonces pasa y pasa, y te das cuenta que muy cerca existen rincones especiales. Muy especiales.

De modo que en este puente decidimos casi en el último momento, dirigirnos a La Rioja. Y aquí estamos, pero apenas hemos llegado hace un ratito, ya de noche, porque el día lo hemos disfrutado en la provincia de Soria. De donde corre sangre por nuestras venas… Lo de la vuelta a los orígenes nos atrae irremediablemente, y como tenemos tantos… ¡pues es un lujo!

Anoche llegamos a las 23.00 horas a Medinaceli. Para nosotros es un pueblo siempre agradable; hemos estado muchísimas veces porque parte de nuestra familia procede de otro municipio cercano, y asimismo muy bonito: Monteagudo de las Vicarías. No dejéis de visitar ambos, y si necesitáis algo, en el segundo, llamad a la casa pegada a la iglesia…

De Medinaceli casi siempre nos sorprende que haya tantas casas cerradas y que no haya ambiente, en la parte de arriba, queremos decir. Tiene un arco romano, calles agradables y una tiendita en la que el pan está riquísimo y es imprescindible comprar paciencias y mantequilla de Soria. Pero apenas hay movimiento. Nosotros nos imaginamos, una y otra vez, la plaza mayor llena de terrazas con gente… En fin, esto de la despoblación no es una broma.

También tiene una nueva zona de autocaravanas en la campa en la que también se puede jugar al fútbol y desde donde se disfrutan unas vistas muy bonitas.

Hemos dormido y amanecido allí. Es la segunda vez que lo hacemos y nos parece un punto perfecto para hacer noche cuando se viaja rumbo a Madrid o en dirección a Barcelona, Logroño…

Mientras desayunábamos hemos decidido acercarnos a un lugar que, por cercano, nunca antes habíamos visitado: el yacimiento arqueológico de Ambrona. ¿Cuál ha sido nuestra sorpresa? Que estaba cerrado pese a que en el cartel indicaba horario de apertura en este momento del año. En fin, que nos hemos preparado un café y los bocatas para disfrutar de un paseo.

De allí, hemos partido hacia Soria y hemos parado, como siempre hacemos cuando nos encaminamos a Logroño, en Almarza. Nos encantan el chorizo y los torreznos del bar de la entrada. No recordamos el nombre, pero es el de la entrada…

Hemos ido al acebal de Garagüeta y la decisión no ha podido ser más acertada. Nos hemos quedado con ganas de un paseo más largo, pero el recorrido de apenas 4 kilómetros desde el aparcamiento, es fácil y accesible.

Habíamos visto acebos, pero aislados. Un bosque de acebos es una maravilla, porque además están separados, y cada uno está formado por muchas ramas. Nos ha encantado, y lo recomendamos. Es una de esas pequeñas escapadas que, como decimos, por cercanas no suelen tenerse en mente.

Con nuestra filosofía de ir sin rumbo casi siempre tenemos sorpresas maravillosas. Mientras comíamos el bocadillo de sardinas y de mejillones, en una fuente, hemos recordado que una vez escribimos un reportaje sobre Oncala y su festival del acebo. Allí que nos hemos plantado por la tarde. Nos ha fascinado cómo se lo montan en este pequeño pueblo para que su propuesta por atraer visitantes alcance ya la décima edición.

En el mercadillo se podían comprar turrones, quesos, artesanía, y claro está, adornos navideños con el acebo como elemento protagonista.

Además, las calles y casas están adornadas con guirnaldas y coronas, también de acebo, y se pueden visitar la iglesia, en el barrio alto, con la exposición de varios tapices, y en el ayuntamiento, el museo de los pastores. Nos ha gustado muchísimo este último y nos ha recordado que parte de nuestra familia siempre se dedicó a dicha actividad.

Lo recomendamos de veras, porque la exposición desvela aspectos muy interesantes del modo de vida de las personas implicadas en la trashumancia, con un apartado dedicado a la función de las mujeres, quienes permanecían en los pueblos y sacaban adelante a la familia, el campo y otros animales que no eran ovejas.

Mañana os contamos hacia dónde se dirigen nuestros pasos…

Keep Rolling!