Glasgow merece la pena. Mucho.

Nos resistíamos a escribir sobre Glasgow porque no la hemos visitado en furgo. Y no queremos que éste sea un blog sobre cualquier cosa; queremos que sea sobre nuestras experiencias conociendo, redescubriendo y disfrutando del mundo en nuestra VWT6. Si bien, en las últimas semanas hemos recibido varios correos de personas que quieren pasar las próximas vacaciones en Escocia. Casi ninguno había incluido Glasgow entre las paradas. Y eso es un gran error.

Ahora, no iremos de listillos. A nosotros también nos costó Glasgow. Fuimos en otoño, por motivos laborales y concluimos, así, sin pestañear, que no volveríamos, que no se nos había perdido nada allí. Sin embargo, una compañera, Catriona, no paró hasta convencernos y darle una segunda oportunidad. Ella sabía que estábamos equivocados.

A Glasgow, como decimos, no hemos ido ni dormido en la furgo. Nos han sugerido un posible lugar, en Park Circus, con unas vistas increíbles de Kelvingrove Park. Es una zona de viviendas, tranquila, y entendemos que es mejor ser discretos, no subir el techo, etc.

Glasgow resulta interesante por múltiples razones. Contamos parte de ellas en el blog Cardamomoyclavo. Pero tenemos, al menos, seis más.

1.- Mackintosh walking tour.
Tenemos muy claro que la mejor forma de conocer una ciudad es quemando zapatilla. Caminando con y sin rumbo. ¡Así la cerveza de última hora sienta mejor!

Nos gustan los tours gratuitos que hemos experimentado en primera persona: Berlín, Londres, Ámsterdam y Dublín, entre otros. Los hemos encontrado mejores y peores, pero en nuestra opinión son una opción a tener en cuenta. ¡Por favor, nunca hay que ser tacaño con los/as guías!

Además, cada vez en más lugares es posible unirse a una visita guiada temática. Por ejemplo, el Mackintosh walking tour promovido por la Glasgow School of Arts.

Se haga o no el tour, es un lugar que hay que visitar. En 2014, el edificio original sufrió un grave incendio y está en obras. Justo en frente, en la ampliación, existe una pequeña sala que muestra las obras de remodelación y la trayectoria de algunos insignes alumnos como Charles Rennie Mackintosh. Además, tiene una tienda con objetos de diseño de esos que quieres todos.

La escuela es el punto de partida (y de llegada) del recorrido que muestra las obras más relevantes del arquitecto escocés y de sus coetáneos. Es un paseo muy agradable, de unas dos horas y media. Merece mucho la pena. Los guías son alumnos y transmiten con pasión sus conocimientos. Se precisa, eso sí, un buen nivel de inglés. Precio: 19,50 £.

2.- The Lighthouse.
No, no existe un faro en el centro de Glasgow. Es un edificio proyectado por Mackintosh en 1895, junto a las imprentas del Glasgow Herald. De hecho, su función era la de depósito; es decir que contenía agua para responder con rapidez ante un posible incendio en la rotativa. El fuego es una de las obsesiones de los escoceses.

Ahora es un centro didáctico sobre arquitectura y diseño.

Que nadie se eche atrás ante sus 134 escalones. No nos inventamos el número, nuestra amiga, Sandrine, tuvo a bien contarlas. Las vistas compensan el esfuerzo. Creednos. La entrada es gratuita.

3.- Kelvingrove.
Como en muchas otras ciudades, Glasgow está creciendo y si se quiere conocer su verdadera esencia y lo que está en boga, hay que moverse más allá del centro. En el oeste, se encuentra, por ejemplo, Kelvingrove.

Inaugurado en 1901, es uno de los museos más interesantes de Escocia y el parque que lo rodea es perfecto para un picnic. Es aconsejable visitarlo con tiempo y puede ser una buena propuesta en un día gris, de lluvia, en el que se busca refugio. El edificio es una joya. Esas lámparas. Ese órgano.

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Nos gustó el apartado dedicado a Mackintosh y a su esposa, Margaret Macdonald. Ella también fue una artista muy relevante dentro del movimiento Glasgow Style, durante la década de 1890. De ella, su compañero dijo que tenía genio, mientras que él solo tenía talento.

Pero si hubo una instalación que captó toda nuestra atención fue la firmada por Sophie Cave: Floating Heads. Se compone de más de 50 cabezas, creemos que es la misma, pero cuyos rasgos denotan diferentes emociones. Es hipnótica. Y con el cambio de la luz resulta fantástico.

 

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Sin olvidar que Kelvingrove alberga la archiconocida obra de Dalí: Cristo de San Juan de la Cruz. Es un lienzo controvertido que ha sido atacado en dos ocasiones, pero por fortuna, hoy sigue a la vista de quien quiera contemplarlo.

La entrada también es gratuita.

4.- Riverside Museum.
El río Clyde fue y sigue siendo clave en la vida de la ciudad. Los astilleros han vivido un lavado de cara y una buena muestra es un edificio tan espectacular como el Riverside Museum, que alberga la colección del antiguo Museo del Transporte.

No podía ser menos teniendo el sello de la afamada arquitecta egipcia Zada Hadid. En España, por ejemplo, dejó su impronta en la bodega riojana R. López de Heredia, en Haro. Que también recomendamos visitar y no solo por el buen vino. (Nos tira mucho La Rioja).

En el museo se puede visitar una recreación de las calles del Glasgow del siglo XIX, incluyendo un pub, el metro… y con numerosas referencias a los movimientos obreros que han convertido a esta ciudad en icono de la lucha por los derechos de los trabajadores.

5.- Pollock Country Park.
Se podría afirmar que Escocia es en sí misma un parque gigante. En los pueblos y ciudades existen infinidad de jardines, huertos y otros espacios verdes. Los hay más o menos grandes; y más o menos a la vista de todos. En el sur de Glasgow, por ejemplo, se encuentra Pollock Country Park.

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Es, en nuestra opinión, una maravilla para quienes disfrutan caminando y contemplando la naturaleza. Caminar, correr, ir en bici… Solos, con niños, acompañados por el perro. Es una gozada.

6.- House for an Art Lover.
Otra buena pista, situada también en las afueras, es House of an Art Lover. Es un inmueble que recrea diseños de la pareja artística formada por Mackintosh y Macdonald. No son piezas originales, pero no importa.

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La historia cuenta que, en 1901, juntos participaron en un concurso, promovido por una revista alemana de diseño. Debían proyectar una casa para los amantes del arte. Debían respetar las dimensiones de las diferentes habitaciones, las escaleras y el presupuesto.

Ellos cumplieron los requisitos, convencieron a los jueces por el colorido y singularidad de la casa, si bien, un pequeño trámite a la hora de entregar imágenes de los interiores les dejó fuera de la competición. Y su proyecto se quedó en eso: en el papel, en los planos, en los dibujos y bocetos.

Asi fue hasta que en 1989 alguien alumbró la maravillosa idea de construirlo. En 1996 abrió al público.

Un último apunte, si es la hora del almuerzo, el café ofrece un menú equilibrado (nada de fish&chips) y con un buen precio. Nosotros lo probamos y nos encantó.

#nosinmifrugo
#keeprolling

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