North Coast 500, la ruta de las Highlands (II): Ullapool-Plockton.

Hay mil maneras de viajar y mil modos de afrontar un viaje. Viajar está relacionado con la actitud que cada uno tenemos ante la vida. Viajar tiene que ver mucho con lo vivido. Viajar es subjetivo. Lo que para nosotros no merece la pena, quizá para ti suponga una gran experiencia.

En las últimas semanas nos han escrito varias personas interesadas en viajar a Escocia. Durante un año de vida en este país, hemos tenido la suerte de comprobar que merece ser recorrido de principio a fin. Fuera de las rutas turísticas guarda sorpresas maravillosas. A nosotros, por ejemplo, nos parece que la Isla de Skye está sobrevalorada o que por Inverness se puede pasar de puntillas. Es, como decimos, una opinión.

Pero bueno, vayamos al lío. Porque tenemos pendiente rematar el viaje que nos llevó por las Highlands, siguiendo la North Coast 500. Recordarlo supone, de algún modo, volver a sentarnos en nuestra VWT6, acariciar el volante, acelerar, cambiar de marchas y sumar kilómetros.

Tras el festival de folk de Ullapool, en el mismo bar en el que bebimos y escuchamos música en directo, tomamos un café para despejarnos tras pasar una noche tranquila y despertarnos mirando al mar en el camping del pueblo. En la barra, coincidimos con un señor que nos recomendó dirigirnos a Applecross. “Hacerlo por el simple placer de conducir”, nos dijo. Así que hacia allí pusimos rumbo. Él estaba en lo cierto.

Por la ruta coincidimos con atrevidos ciclistas y con apasionados del volante probando cochazos (Ferraris y Lamborghinis) a los que, por cierto, no les debía preocupar ni arañarlos, ni los bajos, ni… las carreteras de la North Coas 500 son más aptas para todoterrenos y furgos que para deportivos.

ciclistas
Nos paramos, una y otra vez, para tomar fotos y soltar un ‘esto es increíble’ detrás de otro.

applecross carretera
Applecross está en la península de Wester Ross. Es un municipio minúsculo al que se puede llegar recorriendo la costa por la carretera que sale de Shielding, o directamente cogiendo un desvío que sale a la derecha de la A896 tras pasar el café Bealach, que está a pie de carretera.

Nosotros no disponíamos de mucho tiempo y, siguiendo las recomendaciones de algunos lugareños, nos decantamos por la segunda opción.

Esta carretera es una de las más altas de Gran Bretaña, y son unas 11 millas (18 km) de curvas y pendientes increíbles, con unas vistas impresionantes de la bahía de Raasay y de la Isla de Skye. Aquel día lucía un sol maravilloso, pero arriba, quedaba nieve. Y la temperatura era sensiblemente inferior.

apple carretera 2
Posiblemente sea la carretera más espectacular que hemos recorrido. También nos encantó, digamos, la meta: Applecross. Apenas son unas casitas y un pub con muy buena fama.

apple pueblo

 

applecross

Nos quedamos con las ganas de aparcar la casa, tomar asiento en la terraza y pedir una ale y algo de comer.

No lo hicimos. Eso vendría después en el lugar en el que decidimos dormir: Plockton. Porque nosotros, como dijimos en la primera entrada, no regresamos a Inverness. Es decir que no completamos la ruta circular.

Plockton es uno de nuestros rincones favoritos de Escocia. Que nadie busque grandes monumentos o edificios. Está compuesto por unas casas, un par de hoteles, un pub, una calle principal con varias palmeras y una isla diminuta justo en frente.

plockton 6

barca plockton

Cenamos (y muy bien) en el Hotel Plockton y nos tomamos varias cervezas, gin tonics y algún Talisker en el pub del pueblo. No recordamos el nombre, pero sí que fue una noche divertida.

Desde la barra, comprobamos cómo les gusta la fiesta a los escoceses. Al fondo del local había un grupo, grande y variopinto, gente joven y más mayor. Todos bebían, bebían… La curiosidad nos pudo e interrogamos al camarero. Se trataba del tercer día de celebración de una boda. ¡El tercero!

El camarero quiso saber de qué parte de España éramos. Para resumir, respondimos que de Madrid. Y él nos explicó que su novia es de una ciudad muy pequeña llamada Teruel. Entonces le confesamos que, por sangre y por emociones, somos aragoneses. Lo freímos a preguntas para saber cómo una chica de Teruel había terminado viviendo en ese rincón tan apartado (pero bonito) de Escocia. ¡Nos encantó que dijera lo bueno que está el jamón de Teruel!

En Plockton hay un parking junto a unos baños públicos. Hay un cartel que prohibe pernoctar, pero nosotros no lo vimos hasta la mañana siguiente (ejem…) y casi podemos enterder el porqué del cartel.

Junto a nosotros aparcó una autocaravana con dos parejas y un perro. Ellos también estuvieron bebiendo en el pub, aunque no eran parte de la boda. Por la mañana, se pasearon por el parking en pijama y albornoz con toda la calma del mundo. Usaron el baño público como el de su casa, neceseres gigantes incluidos. Luego, todavía en pijama, sacaron la mesa y las sillas ocupando plazas de aparcamiento, y enlazaron un té con otro. Además, vaciaron allí mismo el depósito de aguas grises. Y nosotros: a-lu-ci-na-dos.

No, eso no está bien. Como hemos dicho otras veces, defendemos el camping libre y el derecho a pernoctar dentro de nuestra furgo allá donde esté permitido aparcar, pero no nos extraña que ante comportamientos así algunos municipios limiten las plazas para pernoctar o, directamente, lo prohiban.

plockton 7

Como furgoneteros creemos que hay prácticas que nos dejan en un mal lugar. Y ésta, la de convertir un pueblito encantador en un camping, es una de ellas. ¿Qué opináis?

Ya de bajada hacia el sur, nos detuvimos en el famoso (y lleno de turistas) castillo Eilean Donan.

castillo flores árbol

castillo último día
También paramos un ratito en Loch Lomond, el lago más grande de Escocia, que nosotros hemos tenido la suerte de recorrer a pie y que recomendamos visitar. Sí, porque puestos a elegir, Loch Ness también nos parece sobrevalorado.

Pero viajar y disfrutar de la experiencia, como dijimos, es algo personal.

#nosinmifurgo
#keeprolling

North Coast 500, la ruta de las Highlands (I): Inverness-Ullapool.

Antes de contaros nuestro viaje por la North Coast 500, hemos de decir que al iniciar este blog pretendíamos publicar un artículo cada viernes. La vida y sus circunstancias son caprichosas y exigentes, y nosotros no damos más de sí. Si algo deseamos es divertirnos y compartir este otro estilo de vida, el furgonetero. Dicho esto, escribiremos sin presiones. Dicho esto, nos subimos en nuestra T6 porque, ahora sí, empieza el viaje.

Durante la primera semana de mayo recorrimos la llamada “Route 66 escocesa”. En cinco días, sumamos más de 1.700 kilómetros y disfrutamos como hacia tiempo del hecho de conducir. Apenas hicimos otra cosa que eso a lo largo de carreteras muy estrechas, llenas de curvas y de “passing place”, es decir, de pequeños huecos en los que orillarse y dejar pasar a otro vehículo. En algunos momentos, confesamos que las pasamos canutas.

Passing place
Aunque para furgoneteros habituados a viajes largos 1.700 kilómetros en 5 días no son mucho… hay que tener en cuenta que en algunos tramos de la North Coast 500 se puede tardar hasta 1 hora en recorrer poco más de 15 kilómetros. Sin duda, esta ruta se merece hacer el viaje con calma y dedicarle al menos 5 días sólo a esas 500 millas (805 kilómetros).

Conducir despacio por esas carreteras permite disfrutar de los montes típicos del país, llamados munros, de los humedales cubiertos de vegetación que los rodean y del olor de la turba que se intuye en las profundidades.

munros
Para quienes se animen a recorrer esta ruta, es muy importante prestar atención a los pasos canadienses (“Cattle grid”). Aparecen de repente, no siempre están señalizados y pasar rápido sobre ellos supone que toda la furgo empiece a vibrar escandalosamente. Y claro, hay que prestar mucha atención a todo tipo de animales que los frecuentan. Y no solo hablamos de ovejas y vacas.

IMG_3319

 

Cerdos 2
La ruta comienza y concluye en Inverness. Nosotros no regresamos al punto de partida porque vivimos en el sur del país y no contábamos con demasiados días. Tomamos un desvío y conocimos un pueblo maravilloso: Plockton. Pero esto lo contaremos en la próxima entrada; hoy nos quedamos con la primera parte del viaje.

En nuestra opinión, Inverness se merece una visita, pero sin invertir demasiado tiempo en ella. Hasta llegar allí, condujimos durante tres horas desde casa. Para dormir buscábamos un parking que nos habían recomendado nuestros colegas de The Orange Pumpkin Travels junto al río; pero era muy tarde para andar dando vueltas, así que aparcamos en el parking del “Inverness Leisure“. Es un sitio tranquilo, pero la actividad del centro comienza temprano y hay algo de movimiento (a nosotros no nos molestó). Para quienes prefieran dormir en camping, hay uno junto al “Inverness Leisure” desde el que se puede acceder fácilmente a la ciudad.

Por la mañana, visitamos la catedral, nos acercamos al castillo y callejeamos. Lo dicho, es el punto de partida pero lo bueno está por llegar, así que merece la pena ponerse en marcha.

Y así, sin prisa pero sin pausa, llegamos a uno de los puntos míticos en el recorrido: John o’ Groats. Situado en el extremo norte de las tierras altas. Es algo así como el Finisterre escocés, y multitud de personas se acercan por aquello de sentirse en el final de la tierra. Desde allí se divisan las impresionantes Islas Orkney.

El punto más septentrional de Gran Bretaña es Dunnet Head, y hasta él fuimos. Por algún extraño motivo, a uno de nosotros le hacía especial ilusión ser la persona que se encontraba más al norte de toda la isla.

casita aislada

En Dunnet Head hay un faro y restos de lo que durante la Segunda Guerra Mundial fue un campamento militar. Hoy queda una gran huella de él en forma de bunkers y polvorines.

militar 1

Recorrer la North Coast 500 brinda la oportunidad de visitar bellísimas playas.

playa 2

 

playa

En una de ellas, encontramos un trozo de madera que queremos que nos ayude a recordar estos meses de vida escocesa.
amuleto editado

Las tierras altas están al margen del ruido y, aunque nos habían dicho que encontraríamos multitud de turistas, apenas nos encontramos con unos cuantos. La segunda noche la pasamos junto a una entrada de mar. Tras pasar el pueblo de Tongue la carretera discurre sobre un dique y, nada más cruzarlo, a la derecha sale una carretera hacia Talmine. Unos 500 metros más allá, a la derecha, hay una esplanada perfecta para aparcar y pasar la noche. Sólo un pequeño inconveniente en esa época del año… ¡los pájaros se despiertan y cantan con los primeros rayos de luz, es decir, a las 4.30 de la mañana!

dormir
Admitimos que no preparamos el viaje con antelación. En la oficina de turismo de Inverness nos entregaron un mapa y nos dejamos guiar por el consejo de diferentes personas. Por ejemplo, la dueña del restaurante The Shorehouse, justo frente a la isla de Handa, que es reserva natural y a la que se puede acceder en un barquito. En su pequeño establecimiento, disfrutamos de las cigalas que su padre había pescado esa misma mañana (no recordamos el precio exacto, pero no nos pareció caro y, en cualquier caso, se puede consultar la carta en el exterior del local).

handa
cigalas

Cargadas las pilas pusimos rumbo a Ullapool. Deteniéndonos aquí y allá, y conduciendo sin prisa. Claro, que las carreteras tampoco permiten pisar demasiado el acelerador.

En este pueblo costero, que no somos capaces de pronunciar y cuyas sílabas cambiamos de posición continuamente, dormimos en el único camping que existe (20£ furgo y dos personas). Muy recomendable si hay que darle un “repaso” a la furgo: dispone de puntos de electricidad, lugar de vertido de aguas grises y negras, grifos y mangueras para cargar agua, etc. Duchas y baños limpios y, algo a tener muy en cuenta en un país en el que todo cierra entre las 5 y las 6 de la tarde, si se llega cuando la recepción está cerrada se puede entrar, dormir, y al día siguiente pasar a pagar.

Una vez más la suerte estuvo de nuestro lado… y coincidimos con la celebración de un festival de folk. Así que, una vez más, nos dedicamos a recorrer los pubs del pueblo disfrutando de buena música y cerveza.

Próximamente, North Coast 500, capítulo segundo. Desde Ullapool a Plockton.

#nosinmmifurgo
#keeprolling

Los vinos que (ya) nos bebimos.

Sería absurdo titular esta entrada como ‘6 vinos furgoneteros’. No los hay más o menos adecuados porque se viaje con la casa encima, y a nosotros no nos gustan las etiquetas sin sentido. Simplemente vamos a recordar los que (ya) nos hemos bebido y disfrutado en la furgo, con nuestras copas que no son de cristal pero que lo parecen.

Solemos elegir cuidadosamente dónde aparcamos y pasamos la noche. Nos gusta dormir en lugares aislados, lejos de pueblos y ciudades, y solemos evitar los camping. Hasta la fecha, nadie ha llamado a nuestra ventana a altas horas de la madrugada y nos ha pedido que desalojáramos el lugar. Si así fuera, aceptaríamos la multa porque, posiblemente, no podríamos conducir. Nos gusta beber y cenar con calma, pero no admitimos ni una sola gota de alcohol al volante.

En Escocia, el precio de los vinos es elevado. Y la calidad no suele acompañar. El más popular es uno de Chile llamado Casillero del Diablo. El anuncio televisivo da tanto miedo como la resaca que se sufre. Sí, damos fe de ello.

En agosto llegamos cargados de vino, pero no fue suficiente, así que de Navidad regresamos, entonces sí, con tres cajas. Tampoco ha sido suficiente. Desde hace unos días, estamos en crisis porque las reservas se acaban. De hecho, ya no nos queda vino tinto y eso no nos gusta nada. Ah, y solo tenemos una cuña de nuestro queso favorito. Abrimos la nevera, la miramos una y otra vez y nos resistimos a probarla.

Hoy recordamos algunas etiquetas que nos han hecho felices. Muy felices.

  • Cepa 21 

Nos gustan (y mucho) los vinos de Bodegas Cepa 21, situadas en Castrillo de Duero, en Valladolid. Al frente de este sólido proyecto, se encuentra José Moro, presidente también de Bodegas Emilio Moro. Nos quedamos con este monovarietal de Tinta Fina, fresco, equilibrado y muy apetecible.

Captura de pantalla 2017-05-05 a las 12.44.30

  • Finca Valdelroble

Con la familia Callejo nos une amistad. Así lo quiso aquel Camino de Santiago que recorrimos juntos en agosto de 2009. Admiramos su trabajo y proyección, y siempre es buen momento para abrir uno de sus vinos, que producen en Ribera de Duero y que tienen mucho qué decir. Por ejemplo, Finca Valdelroble.

Captura de pantalla 2017-05-08 a las 15.13.25

  • Lalama

De la bodega gallega Dominio do Bibei nos convence todo. Su forma de creer en la tierra, su forma de crear y, por supuesto, sus vinAZOS. Todos los que hemos probado son elegantes, exquisitos y equilibrados.

Lo son gracias al suelo, al viento, al sol y a todos los elementos que confluyen en Ribeira Sacra. Lo son, cómo no, gracias a las personas que están detrás, que se empeñan en dar lo mejor de las vides y de sí mismos.

Captura de pantalla 2017-05-05 a las 12.56.16

Joyas como Lalama demuestran que en Galicia los tintos se expresan con un lenguaje propio y que su calidad no admite dudas. Pero no dejemos a un lado los blancos de esta bodega. Llamados Lapena y Lapola son perfectos para esos momentos que, aún siendo pura cotidianidad, pueden convertirse en únicos.

Si hablamos de estilo, el de Vintae también nos convence. La lista es larga y muy interesante, pero nos quedamos con dos.

  • El Pícaro, Matsu

Seamos sinceros: nosotros también sufrimos la influencia de la imagen. Con frecuencia, con mucha frecuencia, en la elección de uno u otro vino es determinante la etiqueta. Si además, tienen una historia, razón de más para llevárnoslo a la furgo.

el_picaro

El Pícaro nos gustó desde el primer momento, mucho antes de probarlo. Sumó puntos el hecho de proceder de Toro, una de nuestras zonas vitivinícolas favoritas. Elaborado con Tinta de Toro es suave, con personalidad y sin la potencia que acompaña a los vinos de allí. Es, digamos, más fácil.

  • Hacienda López de Haro

Aunque estamos estrechamente vinculados a La Rioja, descubrimos esta etiqueta en Menorca. Fue en un restaurante que no nos cansamos de recomendar, Ses Forquilles, en Mahón. A partir de esa noche (tan divertida y deliciosa), no hemos dejado de comprar este vino.

Captura de pantalla 2017-05-05 a las 14.45.29

Cualquiera de las tres etiquetas es fácil, rica y con un precio que las hace todavía más atractivas.

  • Viura Muro

También de La Rioja, pero en este caso es un blanco. Pertenece a Bodegas Miguel Ángel Muro y es un monovarietal de uva Viura. Es fresco y muy resultón. Precisamente porque no es complejo, va bien con cualquier bocado. Es perfecto, por ejemplo, en el aperitivo. Cuando ya hemos llegado, aparcado y nos hemos puesto cómodos, entonces abrimos una botella, nos servimos una copa y picamos algo.

Captura de pantalla 2017-05-08 a las 14.55.26

Preferimos comprar en pequeñas tiendas y disfrutamos mucho conversando con el tendero de turno y escuchando cuáles son sus vinos favoritos. Si bien, existen dos direcciones online que recomendamos cuando se trata de comprar vino de calidad. Nos referimos a La Vinoteca online y a Lavinia, esta última también con tienda física en Madrid, en la calle Ortega y Gasset.

Lo dicho, si alguna noche alguien llama a nuestra ventana y nos pide desalojar… Asumiremos la multa. Seguramente hayamos bebido y no solo una copa de (buen) vino.

#nosinmifurgo
#keeprolling