La ducha, ¡Ay, la ducha!

Cierto, una ducha cuando te despiertas resulta maravillosa. Una ducha, tras una larga jornada conduciendo y/o visitando lugares, es reparadora. Pero no siempre es posible. He aquí nuestros trucos para mantener el tipo cuando no se cuenta con ella.

Diremos que una de las duchas que más hemos disfrutado en nuestra biografía furgonetera fue en Portugal, pero el cuaderno en el que anotamos casi cada paso está ahora en España, en una de las cajas que contienen nuestra vida. De forma que no podemos confirmar el lugar. Lo sentimos.

Sucedió que pasamos varias jornadas en una playa en la que no había ninguna toma y no encontramos dónde reponer los depósitos que llevábamos en la Traffic. Dimos con una en una gasolinera, pero ‘amablemente’ tenían el grifo cancelado. Andábamos desesperados porque necesitábamos asearnos, fregar los platos y llenar los depósitos. Entonces tuvo lugar el “milagro”.

Pasábamos por un pueblo, muy pequeño, y algo hizo que nos detuviéramos. Sí, una fuente y unos baños con pinta de abandonados. Dentro un habitáculo que en su día debió ser una ducha, y que entonces tan solo tenía el agujero de una tubería en la pared. Nos dijimos el uno al otro: ‘¿Lo intentamos?’. Entramos, giramos el grifo y… ¡Agua! Os aseguramos que es una de las duchas que ambos más hemos deseado, necesitado y disfrutado. ¡Cómo cantábamos!

Durante otro viaje en la Traffic probamos con un ducha solar portátil que compramos en Decathlon. Estrenarla y pincharla fue cuestión de un minuto… (¿Quién lo hizo?) En la T6, durante el verano, llevamos un depósito extra de 20 litros con ducha. Evidentemente la temperatura del agua no es caliente, pero es asumible incluso para personas frioleras.

Procuramos no verter jabón, por eso, a veces, nos aseamos tan solo con agua. Necesitar desesperadamente una ducha se convierte a veces en la principal razón para pasar la noche en un camping.

Desde que llegamos a Escocia hasta la fecha no ha hecho calor y no creemos que lo haga, tampoco hemos realizado largos viajes. ¿Cómo lo solucionamos? ¿Qué contiene nuestro neceser?

Por supuesto, toallitas de bebé y desodorante.

Hemos probado el champú seco extrasuave a la leche de avena de Klorane. Y funciona. Es tan sencillo como pulverizar la zona de las raíces, dejarlo actuar durante un par de minutos, y peinar el cabello. El aroma que deja es muy agradable.

 

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Somos dos y nos sobra espacio, pero solemos reutilizar botes pequeños de champú y gel de la estancia en algún hotel y muestras que nos entregaron con la compra de algún cosmético.

Llevamos tres pequeños neceseres y sabemos cuál coger en función de lo que necesitamos. El contenido es:

  • Los cepillos de dientes y un mini tubo de pasta.
  • Agua micelar limpiadora, la de Uriage tiene el tamaño perfecto y la usamos, por la mañana, para ‘lavarnos’ la cara. Algodones para aplicarla.
  • Crema facial. De día y de noche.
  • Un bote de gel y otro de champú por si, afortunados, toca ducha.
  • Mini envase de crema para hidratar el cuerpo.
  • Fotoprotector facial de ISDIN.
  • Stick labial con protección solar de Avène.
  • Alguna muestra de cosméticos.

 

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En verano, por supuesto, son imprescindibles:

  • Crema solar corporal. Solemos llevarla en la puerta, para no olvidarla y cogerla para la playa o la montaña. Uno de nosotros se da antes, durante y después, es decir, todo el tiempo. Difícilmente se quemará… pero el otro (sí, el otro) tiene sus propias teorías acerca de ponerse o no moreno y suele terminar chamuscado.
  • Aftersun, el clásico. A uno de nosotros le chifla su aroma; el otro no lo soporta y curiosamente es el que más lo necesita porque casi siempre se quema.
  • Un mini pulverizador de agua termal, también de Avène. Refresca e hidrata la cara, y sienta fenomenal si la noche es cálida.
  • Ah, y repelente de mosquitos en casi todas sus versiones: spray, roll-on, pulsera y pegatinas que colocamos en casi cualquier lugar de la furgo.

 

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¿Y en vuestro neceser furgonetero qué encontramos?

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Kirkcudbright, ¿cómo se pronuncia?

Cada vez que decimos el nombre de este lugar alguien nos mira con cara de no entender a qué nos referimos. Nosotros insistimos y repetimos, una y otra vez, que Kirkcudbright es uno de los destinos que más nos gusta en Escocia.

Está relativamente cerca de nuestra casa, en Dumfries-Galloway, en la desembocadura del río Dee, y cuenta con un buen puñado de pistas muy interesantes.

 

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La primera vez que fuimos, por ejemplo, coincidió con un mercado de pequeños productores. Disfrutamos comiendo allí y compramos huevos y algunas verduras. En otras ocasiones, sin embargo, hemos tomado asiento en un local especializado en fish&chips, junto al puerto. Su nombre es Polarbites.

Como dijimos, en este país sienten debilidad por los títulos y los carteles. En este caso, Kirkcudbright está catalogada como ciudad artística. Hay algunas galerías que se pueden visitar, conocer y charlar con los artistas y comprar sus obras, antigüedades o pequeñas joyas. Por ejemplo, Ochre Gallery, de Richard Brinley, y High St. Gallery.

 

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Es un placer recorrer el centro. Se suceden casas con la fachada y la puerta pintadas de brillantes colores. Cada una es diferente.

 

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También hay callejones que unen unas viviendas con otras y que esconden rincones y jardines con mucho encanto. Eso y también cierto aire decadente.

 

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A través de las ventanas se puede ver un pedacito de la vida de quienes allí habitan. En Escocia no hay persianas ni les importa que se vean sus salones, cocinas o estudios. A nosotros nos puede la curiosidad y, a veces, nos asomamos.

 

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Hablando de jardines, si hay uno que merece la pena es el de la casa-museo Broughton. Fue el hogar y el taller del artista Edward Atkinson Hornel. Reúne los muebles y objetos de su vida íntima y cotidiana, la que compartía con su hermana. También están sus obras, tanto lienzos como fotografías sobre diversos viajes, entre ellos, a Japón.

El interior es sumamente interesante y el jardín… un oasis.

Nosotros lo visitamos a primeros de septiembre, cuando todavía estaba lleno de flores, y resultaba una explosión sensorial: colores, aromas, sonidos…

Disfrutamos haciendo fotografías sin prisa, fijándonos en los detalles, en esa manzana caída en un banco, por ejemplo, y contemplando cómo otros visitantes, sentados en algún banco, simplemente escuchaban el silencio y respiraban profundo.

Ahora que ya es primavera, estamos seguros de que repetiremos visita y volveremos a asombrarnos ante la variedad de plantas y flores. Si en septiembre, este jardín era bellísimo, ahora…

 

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Kirkcudbright también tiene encantadoras tiendas como Mug Shots, en las que puedes llevarte como recuerdo la tradicional bufanda de tartan. No suelen ser nada caras, si bien, se puede elegir entre diferentes precios en función de la calidad.

¡Qué duda cabe de que Escocia es mucho más que las Highlands! Nosotros somos afortunados y todavía tenemos por delante algunos meses para conocer sus mayores tesoros.

Vivirlo para contarlo.

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Galicia y Asturias… sin gasolina.

Era nuestro segundo viaje con la furgo de Nacho, una Traffic camperizada, con todo de quita y pon. La boda de unos amigos en una aldea perdida de Galicia fue la excusa para reunir unos días y recorrer esa zona. Y quizá también Asturias. Así lo hicimos.

Salimos desde Logroño y paramos a comer en el Lago de Sanabria. De repente, fuimos conscientes de que no teníamos tanto tiempo. La boda era unas horas después y, con las prisas, no nos dimos cuenta de que apenas teníamos gasoil. Ya sabéis, si una situación puede empeorar, empeorará… y ya en ruta  no encontramos ninguna gasolinera.

Nuestro amigo, el novio, además, nos había dicho y repetido que el GPS te podía llevar por un recorrido que no debíamos seguir. Y claro: Ésa fue nuestra ruta. Sin gasolina y sin cobertura, ah, pero con la tranquilidad que da llevar la casa a cuestas con comida y cerveza en la nevera. Aquella carretera, en la que no nos cruzamos con nadie (y sí con algunos ciervos) en muchos kilómetros, se terminó en una aldea, tal cual. Nos bajamos de la furgo y preguntamos a dos señoras por el destino que buscábamos, nos preguntaron que por dónde habíamos ido y pusieron esa cara que lo dice todo:

‘¿Cómo?’ ‘¡Hace años que nadie va por esa carretera por la que habéis venido!’.

No fueron capaces de indicarnos el camino a seguir, pero nosotros llegamos y vaya que si disfrutamos de la fiesta.

Al día siguiente, lentamente, como dicta una buena resaca post-boda, nos marchamos. Lo hicimos de esa forma que tanto nos gusta: sin rumbo.

Fuimos a Vigo, visitamos la ciudad y continuamos en busca de una playa. La hallamos y uno de nosotros (o una) sufrió la picadura de una faneca. Cuando lo recuerda es con dolor pero también entre carcajadas. ¡Qué escena montamos! Advertencia: Las picaduras de estos peces son habituales en la zona y, de hecho, los asiduos utilizan “fanequeras” (zapatillas de goma) para protegerse de ellas. Después de dos días pernoctando en la zona que da acceso a la playa visitamos A Coruña y, tras una buena mariscada, fuimos a dormir a Isla de Arousa. Allí, como recordábamos hace una semanas en otro post, soplaba tal viento que creímos volar…

Al día siguiente, recorrimos la costa Gallega hasta Ribadeo, y después de un paseo por el pueblo, nos dirigimos a Praia das Catedrais. Llegamos tarde y con la marea alta, así que nos acostamos intrigados por el espectáculo que disfrutaríamos al despertar… y, efectivamente, increíble la panorámica matinal que vivimos en primera persona.

Saltamos a Asturias, a Llanes, y nuestra visita mereció un cachopo en El Dorado. Alguien que nos conoce bien y que vive allí, nos indicó un lugar de ensueño para dormir. Llegamos de noche, una vez más, aparcamos la furgo y en su coche volvimos a cenar al pueblo.

A la mañana siguiente la sorpresa fue enorme. Mucho más que enorme. Estábamos en medio de un prado y no lejos pastaban unas vacas.

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Y a pocos metros de distancia, descubrimos una de las playas más bonitas que hemos visto, la de Cué, y una de las mejores en la que nos hemos sumergido.

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Solo viajar en furgo te permite esto. Dormir sintiendo el olor y el sonido de la naturaleza, levantarte antes de que lleguen los demás y descubrir que la luz del día ilumina, con frecuencia, auténticas joyas.

Como veis, solemos dormir en zonas próximas a las playas, en medio de bosques o, incluso, en las afueras de algún municipio. No decimos que no a un buen camping o área de autocaravanas, y también los visitamos con frecuencia, sobre todo por cuestiones logísticas.

Como veis también gastamos en restaurantes, hacemos la compra en comercios locales, pagamos las atracciones turísticas que creemos que merecen la pena… Y ahora que algunos municipios y comunidades autónomas, como Asturias, se están planteando regular y restringir el turismo en furgo y autocaravanas, no queremos dejar de escribir unas líneas para reivindicar que quienes viajamos en furgo #NoSomosDelincuentes que #FreeCampingIsNotACrime y que, si en algún sitio no somos bien recibidos, dejaremos de ir.

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Y claro, iremos encantados a aquellos sitios en los que nos sintamos bien acogidos como lo que somos: viajeros. Con otro estilo y con la casa a cuestas.

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