La última noche de miedo: Isle of Whithorn.

No nos cansamos de decirlo: Viajar en furgo es un placer. Unas veces preparamos a conciencia las salidas buscando los lugares donde vamos a pernoctar en el mapa de “furgoperfectos” del foro furgovw.org, en Park4night o en ÁreasAC. Además, hay un buen número de apps que pueden ayudar a planificar o decidir dónde dormir sobre la marcha. En Furgosfera lo saben. Otras veces salimos sin darle demasiadas vueltas e improvisamos, si bien, esto implica, tarde o temprano, tener que dedicar un rato a encontrar un lugar apropiado: que esté nivelado, que no sea una zona ruidosa, que la probabilidad de multa sea pequeña (#FreeCampingIsNotACrime)… y que nos sintamos tranquilos. Otro día hablaremos de las medidas de seguridad que tomamos: fermín (l@s furgonter@s saben a qué nos referimos), detector de gases y alguna que otra cosa.

La cuestión es que no siempre hemos dormido a pierna suelta. En nuestro historial contamos con algunas noches de miedo. Resulta “divertido” que quien más intranquilidad siente al principio, quien más vueltas da y no deja conciliar el sueño al otro, luego es capaz de dormir profundamente. ¿Quién será de los dos?

En una ocasión, uno de nosotros viajó en furgo por Galicia, y lo que se presentó como una agradable noche en Finisterre se convirtió en una pesadilla. Era verano, hacía mucho calor y fue necesario dormir con las ventanillas y el portón trasero abiertos. ¡A las tres de la mañana hubo que salir corriendo porque los mosquitos eran crueles asesinos!

Por ejemplo, en Évora (Portugal) llegamos tarde y aparcamos en una alameda, a las afueras. También era verano, con ola de calor incluida, y la temperatura no ayudaba a descansar. Los portugueses son muy dados a practicar lo que llaman “camping-car”, esto es, hacer turismo durmiendo en el coche.

La cuestión es que a las 2 de la madrugada uno de nosotros (o una) miró por la ventilla de la Renault y se encontró a nuestro vecino de aparcamiento dando vueltas en calzoncillos alrededor de su vehículo. El ajetreo de gente entrando y saliendo de los coches hizo que uno de nosotros (o una) se pegara varias horas asomando la nariz por la cortina, y que no consintiera abrir la ventana… ¡Qué calor! ¡Qué noche!

Es cierto que en Portugal, en alguna zona de bosque, tampoco hemos logramos conciliar el sueño tranquilamente. Uno de los deportes nacionales de los lusos son las barbacoas, y no tienen reparos en hacerlas en agosto, en medio de un pinar y con viento…

Hace apenas unas semanas, la tormenta Doris también nos hizo pasarlo regular (tirando a mal, e incluso, muy mal) en la playa de Portobello, en Edimburgo. Entonces, además de viento, una lluvia torrencial nos hizo preguntarnos por la flotabilidad de la furgo.

Pero sin duda, una de las peores experiencias fue en la Isla de Arosa, Pontevedra. Creímos ser arrastrados por el viento o aplastados por uno de los árboles que teníamos alrededor. El viento hace que la furgo se mueva bastante y el ruido puede resultar bastante inquietante. Hace tan solo unos días las pasamos canutas en otra isla, ésta más pequeña, ésta en Escocia: Isle of Whithorn.

Llegamos de noche a Whithorn y encontramos un aparcamiento al final del puerto, junto a un parque infantil y la zona que conduce al faro. Aunque existe un parking de hierba más alejado del mar, nosotros estacionamos sobre asfalto, a un paso de las rocas y el agua. Si metes la furgo en una zona de hierba en Escocia, el riesgo de quedarte atrapado en el barro es muy alto. Creednos, lo hemos comprobado en primera persona.

Otro dato importante por si alguien visita la zona y decide dormir: al lado, hay un baño público, limpio.

Dormimos -o lo intentamos- junto a otra furgoneta. A medida que avanzó la noche, el vaivén, el tremendo ruido del viento y la violencia de la lluvia, parecía que nos tiraban cubos, nos hicieron preguntarnos si realmente estábamos en un buen lugar o si debíamos salir corriendo. A través de la ventana tan solo veíamos oscuridad y agua, pero intentamos asegurarnos de que no había riesgo de que hubiera objetos (árboles, edificios…) que se nos pudieran caer encima o que pudieran ser arrastrados hasta chocar con nosotros. Además, Isle of Whithorn es en realidad una península  que sale de una bahía y comprobamos en GoogleMaps que estábamos en la zona del interior y no en mar abierto. ¡Estábamos apenas a 2 metros del agua!

Pese a todo, sobrevivimos a una noche más de miedo e intuimos que la sorpresa, al levantar la persiana, haría que el temor hubiese merecido la pena. Y así fue. Como suele ocurrir: después de la tormenta…

 

 

 

bici

 

 

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Como hemos dicho en alguna otra ocasión, en Escocia, sobre todo en el campo, en el medio rural, los planes no son demasiado excitantes: Un paseo, algo de lluvia y bastante barro… Nosotros no necesitamos más, al menos, en este punto de nuestras vidas.

Dicho esto, Whithorn es un pequeño municipio pesquero en el que tan solo existe un pub: Steam Packet. Cuando nosotros, que llevamos el horario cambiado, nos tomábamos un café, el local empezó a llenarse de gente que quería disfrutar del almuerzo dominical.

 

 

furgo

 

Desde el pueblo sale un camino (8 kilómetros) que conduce a la cueva de San Ninian, junto a una playa de piedras. Éste fue un importante punto de peregrinaje; los restos de varias capillas en la zona así lo atestiguan.

 

 

puerto flores

 

Tras el paseo, marchamos hacia Port William. Aparcamos frente a la playa y disfrutamos de un plato de fabada, de una ensalada y de unos pimientos con anchoas. Saboreamos hasta el último gramo de las conservas porque se nos han acabado las reservas. ¡Horror!

 

 

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De vuelta a casa, cuando el sol ya se escondía, nos detuvimos en otro lugar: Cairnholy. Allí se pueden contemplar dos tumbas neolíticas. Impresiona el conjunto, el entorno, el mar justo en frente y las vacas y ovejas que continúan comiendo impasibles, como lo han hecho a lo largo de toda la historia.

Coincidimos con un señor que nos explicó el significado de cada una de las piedras y cómo ni la posición ni la forma son casuales. Fue un lujo conocer sus teorías sobre el vínculo de Cairnholy con el ciclo de la naturaleza, con la energía. La primavera, precisamente, llegaría justo unas horas después de nuestra visita y, según nos dijo, en ese atardecer el sol se pondría exactamente entre las dos piedras centrales. Fuimos testigos de que así ocurrió.

No pasamos una buena noche, pero está claro que tras la tormenta llega la calma.

#nosinmifurgo
#keeprolling

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