Guadalajara, viaje interior

Nos hemos propuesto prolongar la sensación de vacaciones, aunque ya no lo estemos. Ya volvimos, ya nos incorporamos a nuestros trabajos, pero sí, todavía nos dura la actitud positiva cuando se vuelve con las pilas a tope.

Vivimos en Madrid y este fin de semana queríamos salir. Pensamos en el norte, en alguna playa. Por ejemplo, Sopelana, que nos gusta mucho. Pero la previsión del tiempo no lo recomendaba así que, sin demasiadas vueltas, encontramos el destino. Y ahora, a estas horas de domingo, todavía lo estamos disfrutando. Escribimos este post desde la plaza mayor de Ayllón (Segovia).

Si bien, nuestros pasos han discurrido por la comunidad de Guadalajara. El viernes, en torno a las 17 horas, partimos de casa y nos dio tiempo a recorrer algunos pueblos de arquitectura negra: El Espinar, Campillejo y Campillo de Ranas.

Las casas y otras construcciones son de pizarra negra, la piedra común en la zona. En el segundo municipio, visitamos el Museo de Roizo, apellido del señor que lo ha creado. Él (sentimos haber olvidado su nombre) ha fabricado en los últimos años, con mucha paciencia y pericia, pequeños objetos. Se trata de elementos y escenas propios de oficios de España, no solo de la zona. Es una delicia de pequeño museo y la entrada cuesta 1 euro.

De allí nos dirigimos a Majaelrayo y, después de tomar una cerveza en el Mesón Jabalí, volvimos a la furgo, aparcada en una zona de parking a la entrada. Nuestro amigo Alfredo nos dijo que estando allí no deberíamos dejar pasar la oportunidad de subir al Ocejón. Se trata de un pico de 2.049 metros.

Acostumbramos a ir un poco al revés que el resto… así que empezamos a caminar a las 10.20 horas. Tela, telita, tela la subida… Lo conseguimos, aunque hoy tenemos dolor en todo el cuerpo. No nos encontramos con nadie hasta llegar casi a la cima. Luego supimos que hay otro sendero desde Valverde de los Arroyos.

No nos molestó el calor, pero sí la cantidad de moscas, mosquitos y otros insectos que decidieron acompañarnos. Ah, y tuvimos más compañía. Cuando comenzábamos la bajada apareció una cabra y fue detrás de nosotros hasta el pueblo.

Allí, nos asomamos a una casa y preguntamos. Nos dijeron que buscaban al pastor y que no nos preocupáramos, que la cabra se quedaba en buenas manos.

Solemos encontrarnos con amigos por arte casi de birlibirloque. Y en esta ocasión vimos a Alfredo, Noelia y a su hijo Pablo. Casualmente estaban pasando el día en la casa de unos amigos, quienes nos acogieron como si nos conocieran de toda la vida. Nos vieron tan derrotados que nos dieron cerveza fría, tortilla de patata y unas empanadillas de morirse. Ah, y torreznos. ¡Casi nada! ¡Mil gracias!

Una vez recuperados, tomamos la pista de tierra que conduce de Majaelrayo a Cantalojas. Son 30-45’ con algún bache, naturalmente, pero nada complicado. Turismo y furgos pasan sin problemas, pero quizás las autocaravanas deban prestar más cuidado.

En Cantalojas hemos pasado la noche en el Camping Los Bonales. El precio por dos personas y una camper, sin electricidad: 17 euros. Los baños estaban limpísimos y la ducha fue un lujo. Además, tiene bar-restaurante en el que nos han dicho que se come fenomenal. Cuando se trata de un pequeño pueblo que cuenta con camping municipal no dudamos en alojarnos allí, aunque fuera haya opciones, por apoyar este tipo de iniciativas y a quienes se animan a sacarlas adelante.

Decíamos que en el restaurante se come bien, pero a nosotros a la hora de la cena nos esperaban otros amigos: Judith, Jorge y el pequeño Ander. Jorge es la persona que certificó nuestro compromiso de querer estar juntos. Fue en el ayuntamiento de este pequeño y encantador pueblo de Guadalajara donde nos casamos una tarde octubre.

Qué gusto ver a los amigos y charlar como si no hubiese transcurrido tanto tiempo. Fue un placer haber estado un ratito tanto con Alfredo y Noelia, como con Judith y Jorge. Siempre nos sabe a poco.

Esta mañana, después de haber dormido de cine, hemos subido al Hayedo de Tejera Negra. La entrada está controlada y en el punto de acceso hay que pagar 4 euros. En otoño es precioso, y conviene reservar. Nosotros lo visitamos hace años, pero no pudimos disfrutar demasiado porque llovió todo lo que este año hace falta. Así es el bosque está algo seco y los arroyos apenas tienen agua.

Y ahora, en cuanto subamos este post y terminemos el café, rumbo a casa. Que mañana es lunes y nosotros ya no estamos de vacaciones. Aunque el puente sí y está a la vuelta de la esquina.

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Cerdeña en furgo IV, un auténtico viajazo

Escribimos ya desde el camarote del ferry. Estamos cansados tras una noche en la que no cabía más calor, humedad y ruido… Txus nos aconsejó no aparcar la furgo ni dormir en el puerto, a la espera del barco, pero no le hicimos caso y ¡qué noche!

Rebobinamos un poquito para contar en unas líneas la parte final de nuestro viajazo a Cerdeña. Porque éstas han sido unas vacaciones verdaderamente inolvidables. Volvemos con las pilas muy cargadas y pensando que agosto nos permitirá también alguna escapada.

En Cea nos encontramos de nuevo con Txus y Rosa, quienes habían buscado alternativas para aparcar y dormir junto a la playa. Por 25€ se puede pernoctar en áreas específicas para camper, sin apenas servicios. Nuestros compañeros de viaje negociaron en una de ellas una ‘rebaja’ por ser dos furgos (20€) y, finalmente, acordaron un espacio en un parking con ducha y baños por… ¡6€! Sirva de ejemplo para mostrar que en esta isla muchas cosas se pueden negociar. Dormimos junto a otras dos furgos y autocaravanas.

También nos encontramos en Cea con Mapi y Javi, que recorren la isla en moto… no somos capaces de vernos en España, pero ¡nos encontramos en Cerdeña! Comimos, apuramos la tarde en la playa y pretendíamos conducir esa misma noche hasta la costa norte de la isla. Nos rajamos al minuto… porque las carreteras son terribles y la forma de conducir de los sardos te lleva con el corazón en un puño todo el rato.

Aquí hacemos un inciso para indicar que vimos un golpe entre tres coches y nos sorprendió no ver más. Si bien, las cunetas están llenas de flores de plástico. Así que mucha precaución porque ellos no distinguen línea continua, cruce y, por supuesto, los límites de velocidad les importan un carajo.

Nos encontrábamos dispuestos, como decimos, a llegar al norte a pesar de que eran ya las 20 h. Eran algo más de dos horas según el GPS, pero ya en los primeros 45 minutos dimos tantas vueltas, subimos y bajamos tanto, que uno de nosotros creyó que lo mejor era seguir la pista a… ¡Rosa y Txus!

Así que nos plantamos en Oliena, en el interior. Pero antes nos detuvimos en Orgosolo, según leímos, hace algunas décadas, fue considerado el pueblo más violento del mundo porque se dieron todo tipo de vendettas y murió muchísima gente. De 4500 habitantes, fallecieron 500 en manos de otros.

Ahora, es conocido por los murales que ilustran las paredes de las casas y que recuerdan las revoluciones obreras del siglo XX, mensajes sobre feminismo, libertad, etc.

Son realmente bonitos, tanto estéticamente como por su contenido. Merece muchísimo la pena dedicar un rato a pasear por el pueblo.

En Oliena, cenamos con Txus y Rosa, junto a quienes dormimos discretamente en un aparcamiento de la parte alta del pueblo. Gratis y sin ruido a pesar de que el pueblo celebraba un festival de folclore.

Nos gustó que, como otros municipios, éste cuenta con bellas fotografías sobre la cotidianeidad de la zona (la pesca, los oficios…) colgadas en cualquier pared desvencijada.

Por la mañana, tras compartir desayuno junto a una higuera, no nos despedimos. Sabíamos que volveríamos a vernos.

Hemos sufrido dos últimos días de un calor insoportable. De modo que hemos procurado estar a remojo lo máximo.

(En la foto, muertita de calor)

Dicho esto, nosotros partimos hacia Castelsardo, pasando antes un rato en la playa Li Junchi, próxima a Badesi. Se trata de un buen destino, pero nos la volvió a jugar el viento y nos marchamos antes de lo deseado.

Llegamos a Castelsardo, localidad que nos gustó muchísimo, por el laberinto de sus calles medievales y por el increíble atardecer que se puede disfrutar desde lo alto.

En este viaje, hemos buscado sobre todo sol y mar. Llevábamos tres años sin apenas playa y lo necesitábamos. Por ello, no pretendíamos perdernos entre iglesias y monumentos de ciudades o pueblos especialmente bonitos. Castelsardo sí lo es.

El esfuerzo de subir hasta la parte antigua y el castillo es bien merecido y, como dicen, hace gala de uno de los mejores atardeceres del Mediterráneo.

La parte alta está llena de tiendas y restaurantes típicos. Se encuentran puestos de la artesanía realizada por las mujeres, sobre todo, cestas.

Dormimos en el puerto, sin pagar y con el único inconveniente de que la carretera se encuentra próxima.

Al día siguiente, elegimos una cala de Lu Bagnu, apenas a 5 kilómetros de Castelsardo. Aparcamos en una zona, al otro lado de la carretera sin tener tampoco que pagar. Fue, para nosotros, la mejor playa de todas las vacaciones. Así que nos dimos nuestro último atracón de sol y salitre. ¡Tanto que Txus y Rosa al vernos, dijeron que uno de nosotros había subido dos tonos de moreno!

Sí, con ellos volvimos a encontrarnos y cenar unas pizzas riquísimas. Elegimos Sassari que, a primera vista puede parecer sin encanto, pero que lo tiene. Atención, por ejemplo, a la fachada de su catedral. Nosotros aparcamos en la estación de tren y no tuvimos que pagar.

Cerdeña es una isla muy recomendable para ser recorrida en furgo, con infinidad de sitios donde pernoctar, pagando o no (#FreeCamperIsNotACrime), pero en la que a veces no es fácil encontrar lugares en los que cargar agua limpia o tirar agua sucia (insistimos en lo esencial de llevar potty para no dejar nuestros “recuerdos” allá dónde aparcamos). Ah, y tampoco es fácil deshacerse de la basura, apenas hay contenedores en los pueblos. Es importante separar la basura porque todos los contenedores diferencian vidrio, papel, plástico y latas, orgánico.

Y así concluyen estas vacaciones, con el deseo de no tardar demasiado en volver.

Arrivederci, amigos. Esperamos no tardar otro año en subir contenido… ¡Nos vemos por las carreteras, si nos cruzamos, os echaremos las luces!

Cerdeña en furgo III

[Este post fue escrito hace dos noches; es lo que tiene la falta de cobertura. Y tan ricamente, oiga.]

Pues con la pareja de Pamplona estamos ahora. Rosa y Txus nos han dicho que no les importa que les nombremos así que ya lo hemos hecho. Cuando se viaja en furgo se suelen dar coincidencias agradables, puedes tener la suerte de encontrar personas afines con las que compartir la cena, el desayuno o un rato de playa. Así nos ha sucedido con ellos. Ésta es la segunda noche que hemos montado el campamento juntos. Y estamos encantados.

¡Pero vayamos por orden!

La noche en Sinzias tuvo un pequeño contratiempo, mínimo. El parking no era muy amplio y, además con bastante desnivel, pero nosotros ocupamos una esquinita, siguiendo las indicaciones del vecino de al lado, un italiano majo. Su mujer pegó la oreja mientras charlábamos con otros furgoneteros de Bilbao, porque, como nos dijo, le encantaba nuestro idioma.

Pues eso, aparcamos junto a ellos, dejando un ‘corralito’. Y a media noche, abrimos un ojo y vimos que teníamos una autocaravana justo detrás, dando la impresión de habernos bloqueado la salida apurando un mínimo espacio plano. Nos llamó la atención lo dormidos que debíamos estar porque no los habíamos escuchado al aparcar. Y no dormimos ya a gusto pensando que estábamos, como decimos, sin salida.

De modo que a las 6.30 h. estábamos en pie, recogimos y a las 7.00 h. nos marchamos. Lo hicimos rumbo a una playa que nos había sugerido el matrimonio vasco: Feraxi. Si leen este blog: ¡GRACIAS!

Es el lugar en el que más horas hemos pasado hasta ahora. Y allí llegaron Rosa y Txus, y anoche cenamos tan ricamente. Ellos se curraron una súper tortilla de patatas; nos chiflan las cenas con compañeros de furgo, en las que se pone todo sobre la mesa… nosotros ayer teníamos poco chicha, pero hicimos pasta y ellos, como broche, sacaron una botella de moscatel (Azpea, de Lumbier).

Esta mañana, hemos desayunado largo y tendido. Nos hemos despedido y ellos han continuado; nosotros nos hemos ido a la playa, pero el viento nos ha animado a seguirles le pista. Y aquí estamos ahora, en Cea, rodeados de mosquitos, pero tan contentos sabiendo que compartiremos buena cena y mejor charla.

Ellos nos están reconciliando con nuestra vida en Pamplona, de la que tenemos un recuerdo un poquito agridulce. ¡Gracias, pareja!

Un pequeño apunte práctico, al parking de Sinzias llegamos en torno a las 17.30 horas y no tuvimos que pagar. En el de Feraxi, en un pinar que ayer estaba lleno de familias disfrutando del domingo, hemos pagado 5 euros cada día. Pero advertimos que aquí, en Cerdeña, no es raro regatear… Porque a Txus y a Rosa les pidieron 10 euros, nosotros les dijimos que ni de broma, ¡Y pagaron 3 euros!

Ah, y hoy antes de abandonar el aparcamiento le hemos comprado queso a un tipo en furgoneta, ¡Y también hemos conseguido una mini rebaja de 2 euros!

Mañana, más…

Cerdeña en furgo II

acceso cala domestica


En Cala Domestica estuvimos muy tranquilos. Dormimos junto a unas 10 autocaravanas y alguna furgoneta. Había sobre todo familias con niños, lo decimos para quien busque este tipo de lugares. Era una explanada bastante grande, con distancia entre unos y otros. Pagamos 15 euros, y había baño y ducha, de pago. Nosotros, antes de irnos, nos duchamos con nuestro depósito de 20 litros.

Por la mañana, raudos, recorrimos la pequeña distancia que separa la cala mayor de la más pequeña. A la derecha de la cala grande, sale un caminito, y saltando por las rocas, se pasa por un pequeño túnel cavado en la misma roca. El acceso no tiene ninguna dificultad, pero recomendamos no ir con chanclas, como mínimo con sandalias de tiras atadas.

cala domestica conmigo


Sentimos que habíamos encontrado el paraíso. De veras, será que nosotros -que somos de secano- nos conformamos con sol y agua limpia. La calita a la que, como indicamos, se llega caminando apenas unos metros por las rocas, es perfecta y aunque parezca que está “encajonada” entre los montes, da el sol desde las 10.30 de la mañana y hasta bien entrado el atardecer.

El agua era cristalina. Se trata de una cala interior, por aquello de la forma de la costa, de modo que no hay olas y se puede nadar hasta la pared de rocas de enfrente, a unos 200 metros. La mayoría de la gente disfrutaba practicando snorkel, también lo hizo uno de nosotros (el otro siente muchísimo respeto al mar porque, además, le pican todos los bichos habidos y por haber).

Hemos continuado ruta. Bueno, es un decir porque en este viaje no tenemos ni idea de adónde nos dirigimos. Nos detuvimos para ver Scoglio Pan di Zucchero, parada indispensable, y seguimos hasta Iglesias porque necesitábamos repostar gasoil. Es muy importante no apurar el depósito en esta zona si no se quiere pasar un mal rato.

zuccero


Iglesias, a uno de nosotros le gustó por su aire decadente, tan italiano, al otro, ni fú ni fá, aunque se comió un helado rico.

Nos dirigimos a San Antioco, una pequeña isla comunicada por una carretera, bañada a ambos lados. Llegamos a Cala Lunga, donde no tuvimos ninguna duda a la hora de dormir. Los italianos de la otra furgo sí vacilaron, hasta que se nos acercaron y nos preguntaron si íbamos a pasar la noche, al responder afirmativamente, dijeron que entonces ellos también.

cala lunga


Temprano, a las 8 estábamos en la cala, realmente mínima, y con una zona de agua estancada y sospechamos sulfurosa, porque olía un poquito a huevo duro… Se fue llenando poco a poco, pero de nuevo, el paraíso.

Pagamos 1,5 euros por media jornada de parking. De allí, parada a comer en un chiringuito, el único, de Calasetta, en el que subimos el post anterior al contar con internet mientras dábamos buena cuenta de dos platos de pasta y pescado frito. Luego discutimos con el señor que cobraba porque no nos había mostrado el ticket… pero no nos amargó, lo mismo nosotros al pobre sí que le fastidiamos la tarde. Ya lo sentimos, pero se puso un poco pesado y ni a tiros nos mostraba el ticket. ¡Menudo es uno de nosotros (o una)!

La falta de ropa limpia nos impuso la necesidad de buscar un camping. Elegimos Cala di Pula, en el camping Flumendosa hicimos la colada e incluso pudimos acercarnos a la playa, que sinceramente no nos gustó. Así que por la mañana nos marchamos después de correr por la costa y comprobar que todas las playas eran similares.

El camping nos costó 39 euros, un poco caro, sí, y más cuando para repostar agua una máquina te pide otros 5. Nos negamos a pagar esa cantidad por no más de 30 litros, así que buscamos un grifo en otro lugar del camping que cumplió perfectamente su función.

Pasamos un mal rato porque la puerta corredera de la VWT6 no cerraba del todo. No se activaba el motor eléctrico que termina de cerrarla y la idea de continuar el viaje en esas condiciones era poco apetecible, por el ruido de llevarla medio abierta en carretera y por tener bloqueado el panel central de la consola del velocímetro por el chivato de “puerta abierta”.

Pensamos que quizás se trataba de la arena acumulada durante estos días y, tras limpiar bien todos los engranajes, volvió a funcionar. ¡Esperamos que sea sólo eso!

cagliari


La mañana la pasamos en la capital de Cerdeña, Cagliari, que es muy bonita y agradable. Allí comimos unos mejillones brutales con alcachofas y polvo de huevas de pescado, y pasta con langosta de morirse. No anotamos el nombre del establecimiento pero está en el barrio de la Marina y el logotipo era un mejillón. Era la especialidad, con multitud de salsas pero nosotros nos guiamos por la recomendación del camarero. ¡Y mojamos hasta el último pedazo de pan!

cagliari 2


Decidimos terminar la jornada y estacionar en un parking cercano a la cala Sinzias. Intuimos que es una zona popular porque de hecho había dos restaurantes próximos con música en directo y escuchamos bullicio. Pero que nadie se asuste, concluyó temprano.

Nos gustó la playa, con agua cristalina, pero notamos que en esta zona, Capo de Marina, comienza a haber gente. De hecho, hay alguna (horrible) urbanización de playa. Quizá también se notaba que era sábado y no se encuentra demasiado lejos de la capital.

Para llegar a Sinzias bordeamos la costa, por una carretera sinuosa que permitía admirar un mar de diversos azules, del añil al turquesa, realmente bonito. Atención a la conducción de los italianos. No les importa que haya líneas continúas ni un cruce para adelantarte. Además, tocan el claxon.

Anoche, tras la playa y cuando estábamos montando el campamento, se nos acercó un matrimonio de Bilbao, que venían de Costa Esmeralda y a los que, además, ¡también les sonaba nuestro blog!

Charlar con ellos nos ha convencido de no correr para ir a esa zona porque nos indicaron que había mucha gente y no era sencillo encontrar un acceso a la playa.

De modo que estamos muy contentos por haber seguido el consejo de la pareja de Pamplona, que nos sugirió ya en el ferry dirigirnos hacia el lado este.

Hoy, más… ¡y mejor!

Cerdeña en furgo I

ruinas 1

El último post, sí ése que hemos tardado en escribir más de un año, lo publicamos de noche, una vez que habíamos aparcado en Arutas. Y esa noche el mistral sopló poquito. Nada que ver con la siguiente. Azotó a su antojo y hubo tormentas eléctricas, pero eso fue la noche siguiente. Volvamos al principio.

Arutas hubiese sido un lugar maravilloso, pero el viento que como decimos se llama mistral nos lo puso difícil. Nos despertamos temprano, como suele suceder en la furgo, solemos abrir los ojos con las primeras luces del amanecer.

Uno de nosotros, al que le encanta correr, se calzó las zapatillas y descubrió una cala estupenda. Y en ella nos construimos un pequeño fuerte con la sombrilla, de esas que llevan como tela colgando y te permiten levantar una pequeña casita. Pero nos rendimos ante el mistral.

En el parking de Arutas se duerme muy bien, hay dos baños, dos chiringuitos y el precio es de 8 euros, coche, y 12, autocaravana, todo el día. Siguiendo el camino que hay al final del parking principal se llega a otro parking, también de pago, y siguiendo el camino más allá hay esplanadas donde no se paga… a riesgo de multa por aparcar y dormir, claro, pero había varias autocaravanas y furgos. #FreeCampingIsNotACrime. Agotados de tanto viento, nos fuimos.

Nos detuvimos en Tharros, que merece la pena. El pueblito anterior, San Giovanni de Sinis, tiene una iglesia paleocristiana muy bonita y desde allí se camina hasta las ruinas fenicias y romanas. Es impresionante o a nosotros nos los pareció porque nos gustan las ruinas e imaginar vidas anteriores. La entrada cuesta 3,50 euros.

ruinas 2


Y aunque nosotros no visitamos el interior de la torre de San Giovanni, que está al lado y en lo alto, las vistas merecen la pena. Mar a ambos lados, uno azotado sin piedad por el viento y el otro, pura calma (una buena alternativa para ponerse a refugio del viento y disfrutar haciendo snorkel en sus aguas cristalinas).

calma y viento


Después, nos dirigimos a Piscinas. Y se nos volvió a hacer de noche, pero disfrutamos de una bella carretera, apenas transitada, tan solo por un rebaño de cabras. Luego, pasamos un pequeño mal rato, porque la pista de acceso, la que nosotros seguimos, es un poquito complicada, con el paso de un río, dos veces, sin puentes. Pero como suele suceder, mereció la pena. Y ésa fue la noche en la que no pegamos ojo.

Menos mal que no cometimos la inconsciencia de meternos por cualquier recodo del camino, como vimos que habían hecho otras furgos. Es una zona natural muy valiosa, perteneciente a la Costa Verde y con una duna preciosa y, por tanto, no debes salirte de las vías. No queremos imaginar la noche que debieron pasar aquellos atrevidos.

En Piscinas hay un área, en la que pagamos 6 euros por media jornada y con ducha que cuesta 1 euro el minuto. Cuenta con un chiringuito y un hotel cercanos. Seguramente la playa es espectacular, nosotros dimos un gran paseo e incluso salimos a correr, pero después, nos marchamos. El viento era inaguantable.

La idea era continuar camino a Scoglio Pan di Zucchero. Disfrutamos de los vestigios de los antiguos pueblos mineros, por ejemplo, Lavería Brassey.

pueblo minero 1
lagartijas


Seguimos y nos detuvimos, por arte de birlibirloque, en una playa en la que, toma ya, no soplaba el viento y el agua era tan fría que no había ni medusas.

Continuamos y la suerte se puso de nuestro lado, porque descubrimos el apacible pueblo de Buggerru con una estupenda zona de autocaravanas con vistas al mar, baños limpísimos y demás servicios por 25 euros, el día. Este pueblo también es minero, así lo muestra un museo y los restos que salpican toda la localidad.

buggero


Allí hemos estado hoy, aunque este post se publique mañana, e incluso, pasado, porque en este preciso momento, cuando nos preparamos para cenar en una zona de autocaravanas en Cala Domestica (15 euros), no hay cobertura.

Hemos descubierto esta cala esta mañana, caminando siguiendo las flechas de un camino, llamado minero, y que comparte flechas amarillas como nuestro adorado Camino de Santiago. Las señales estaban mal y todo el rato indicaba 1 kilómetro. ¡Nos hemos chupado 17!

camino
flechas


Hemos disfrutado muchísimo de la flora, que es realmente espectacular, sobre todo hay diferentes tipos de cardos, que a nosotros nos recuerdan a nuestra añorada Escocia. Es su emblema.

cardo 1


Desviándose mínimamente de la senda, se contemplan los restos de otro asentamiento minero: Villaggio Planu Sartu.

pueblo minero 2


Después de tanto caminar, llegamos a Cala Domestica y no pudimos resistirnos a darnos un baño fabuloso, eso sí, en ropa interior porque no entraba en nuestros planes y no hemos visto que se practique nudismo, ni tan siquiera, topless.

cala doméstica 2
cala doméstica


Después de tanto esfuerzo, en las horas de mayor sol y sin apenas crema protectora -inconscientes absolutos-, hemos creído que bien merecíamos una ‘comilota’ en un restaurante que recomendamos, La Baia da Torre (en el cartel dice “especialidades varias”). Y en el que habíamos cenado la noche anterior.

Como sugerencia, no dejar de probar los espaguetis Bottara, que llevan huevas de lubina, en polvo, y hongos. ¡Para morirse ocho veces seguidas!

También es muy recomendable la playa del pueblo, tranquila y muy limpia. Está justo enfrente del área de autocaravanas.

Y ahora, apagamos, que nos espera un arroz, como nosotros denominamos ‘perruno’.

¿Dónde estábamos?

Cerdeña_2

¿Y dónde estamos? Llevamos tiempo en deuda con este blog. Pero lo cierto es que nos hemos dedicado a vivir.

Desde que volvimos a España, hace casi dos años, nos hemos dedicado a vivir. La adaptación fue imperceptible, volvíamos al punto de partida, a Madrid. Pero el tiempo para escribir se redujo y, aunque hemos viajado y de ello hemos dado prueba subiendo algún post sobre Portugal, lo cierto es que nos venció la pereza. Hasta que ayer ocurrió algo.

Estamos en Cerdeña y en el barco coincidimos con una pareja de Pamplona. Y claro, les dijimos que habíamos vivido allí. Compartieron con nosotros su número de teléfono y al saber que estamos en el ForoVW, les sonaba nuestro blog. Ése fue el pequeño empujón para que hoy hayamos decidido escribir. Ah, y Ana también lleva tiempo reclamando una entrada.

En estos casi dos años, uno de nosotros vivió en Suiza y recorrió buena parte de dicho país, también de Francia. De hecho, justo ahora un año, viajamos por Suiza, Francia y Alemania, pero nos pudo el buen vino, los libros interesantes y la desconexión.

Estamos, además, en un punto de nuestras vidas en las que nos da cierta pereza compartir qué hacemos, dónde y cómo lo hacemos. Pero que haya una o tres personas que saben de la existencia de este pequeño espacio en la red, nos motiva -al menos hoy- a escribir unas líneas.

Lo hacemos desde un área de autocaravanas, en la playa de Arutas, rodeados por algún que otro mosquito. Se oye, de fondo, el mar. Hemos llegado tarde, que no es nuestro estilo, pero estamos tan desconectados, en apenas 48 horas, que llegamos tarde…

Es un viaje que no hemos preparado. Quizá porque andamos como pollo sin cabeza en Madrid. Y cuando llegamos al puerto de Barcelona y vimos tanta y tanta gente, por un instante, lamentamos haber elegido Cerdeña como destino. Nos equivocamos. Apenas hay gente.

Desde el puerto de llegada, Puerto Torres, nos dirigimos, también sin saber, a una playa bastante agradable, Le Saline (Stintino). Nos habían dicho que debíamos acercarnos a La Pelosa porque era como el Caribe. Lo hicimos a última hora y no nos gustó por la cantidad de gente. De modo que no volvimos. Sin saber a dónde ir, acabamos durmiendo en un lugar pequeño y agradable, justo de donde parte un barquito, próximo a la cueva de Neptuno. Ahí sí recomendamos acercarse porque la panorámica es increíble.

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¿Y ahora? Pues carretera y rumbo al sur. Nos hemos bañado y a uno de nosotros, que sufre picaduras de cualquier bicho, conocido o no, le ha picado su primera medusa. No ha sido para tanto. Pero haberlas las hay, pero son rojas, que resultan menos dolorosas.

Estamos bajitos de batería así que vamos con mucha calma. Hemos estado en Alghero, que merece al menos un paseo de un par de horas.

Por casualidad, hemos encontrado una ducha y hemos disfrutado de ese gran placer…

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Sí, esta isla merece la pena ser recorrida en furgo porque las carreteras son bonitas, porque si bajas las ventanillas percibes el aroma a higuera por todas partes y porque te acompaña una banda sonora muy peculiar: la de las chicharras.

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Menos mal que langostas todavía no hemos encontrado.

Buenas noches,