Conducir por la izquierda… bye bye, Escocia!

Estamos de vuelta, y anunciamos que en las próximas semanas guardaremos silencio en el blog. Nos dedicaremos a lo que más nos gusta: viajar en furgo. Volvemos a España y creemos que nos merecemos hacerlo con un viajazo. Muy pronto, en sus pantallas…

Hemos vivido 11 meses en Escocia. Hemos sido felices. Lo hemos pasado mal. Y también muy bien.

Hemos conducido por la izquierda. Hemos aprendido que los escoceses aparcan en cualquier lugar por estrecha que sea la carretera o la calle.

Cuando volvamos a vivir a Madrid posiblemente seamos más pacientes, cedamos más el paso, y hagamos un gesto con la mano para mostrar nuestro agradecimiento a quienes nos dejen pasar primero. Intentaremos no tocar el claxon a la primera de cambio.

 

Passing place YES

 

También hemos observado que, mientras a nosotros no se nos ocurriría detenernos en el arcén de una autovía para descansar, aquí algunas personas lo hacen sin temblar. Teniendo en cuenta que apenas hay áreas de servicio, puede llegar a ser comprensible, pero nosotros nunca nos hemos detenido.

Hemos aprendido a conducir con los cinco sentidos, porque en medio de una vía de dos carriles por sentido te puedes encontrar un coche cruzando, o incorporándose por el carril más rápido.

Hemos comprobado que las carreteras de este país dejan mucho que desear, pero que pueden resultar muy divertidas. Algunas incluso parecen toboganes.

También hemos confirmado que el lenguaje y las imágenes contribuyen a configurar la sociedad, el modo en cómo vemos y entendemos la realidad.

Porque las mamás acompañan a los niños al cole, pero también lo hacen los papás.

 

Porque los ancianos, como los niños, también son personas vulnerables en una carretera.

 

señal ancianos

 

Por eso, en Escocia las señales de tráfico tienen en cuenta a mujeres, hombres, ancianos y a casi todo tipo de animales.

 

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Señal sapos

Éste es un post de pocas palabras, pero sí de imágenes.  Es un resumen de lo visto durante 11 meses conduciendo por “el otro lado”. En breve, volvemos a la derecha.

 

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¡Bye, bye, Escocia. Te echaremos de menos!

¡Bye, bye, Escocia. Volveremos!

#nosinmifurgo
#keeprolling

Glasgow merece la pena. Mucho.

Nos resistíamos a escribir sobre Glasgow porque no la hemos visitado en furgo. Y no queremos que éste sea un blog sobre cualquier cosa; queremos que sea sobre nuestras experiencias conociendo, redescubriendo y disfrutando del mundo en nuestra VWT6. Si bien, en las últimas semanas hemos recibido varios correos de personas que quieren pasar las próximas vacaciones en Escocia. Casi ninguno había incluido Glasgow entre las paradas. Y eso es un gran error.

Ahora, no iremos de listillos. A nosotros también nos costó Glasgow. Fuimos en otoño, por motivos laborales y concluimos, así, sin pestañear, que no volveríamos, que no se nos había perdido nada allí. Sin embargo, una compañera, Catriona, no paró hasta convencernos y darle una segunda oportunidad. Ella sabía que estábamos equivocados.

A Glasgow, como decimos, no hemos ido ni dormido en la furgo. Nos han sugerido un posible lugar, en Park Circus, con unas vistas increíbles de Kelvingrove Park. Es una zona de viviendas, tranquila, y entendemos que es mejor ser discretos, no subir el techo, etc.

Glasgow resulta interesante por múltiples razones. Contamos parte de ellas en el blog Cardamomoyclavo. Pero tenemos, al menos, seis más.

1.- Mackintosh walking tour.
Tenemos muy claro que la mejor forma de conocer una ciudad es quemando zapatilla. Caminando con y sin rumbo. ¡Así la cerveza de última hora sienta mejor!

Nos gustan los tours gratuitos que hemos experimentado en primera persona: Berlín, Londres, Ámsterdam y Dublín, entre otros. Los hemos encontrado mejores y peores, pero en nuestra opinión son una opción a tener en cuenta. ¡Por favor, nunca hay que ser tacaño con los/as guías!

Además, cada vez en más lugares es posible unirse a una visita guiada temática. Por ejemplo, el Mackintosh walking tour promovido por la Glasgow School of Arts.

Se haga o no el tour, es un lugar que hay que visitar. En 2014, el edificio original sufrió un grave incendio y está en obras. Justo en frente, en la ampliación, existe una pequeña sala que muestra las obras de remodelación y la trayectoria de algunos insignes alumnos como Charles Rennie Mackintosh. Además, tiene una tienda con objetos de diseño de esos que quieres todos.

La escuela es el punto de partida (y de llegada) del recorrido que muestra las obras más relevantes del arquitecto escocés y de sus coetáneos. Es un paseo muy agradable, de unas dos horas y media. Merece mucho la pena. Los guías son alumnos y transmiten con pasión sus conocimientos. Se precisa, eso sí, un buen nivel de inglés. Precio: 19,50 £.

2.- The Lighthouse.
No, no existe un faro en el centro de Glasgow. Es un edificio proyectado por Mackintosh en 1895, junto a las imprentas del Glasgow Herald. De hecho, su función era la de depósito; es decir que contenía agua para responder con rapidez ante un posible incendio en la rotativa. El fuego es una de las obsesiones de los escoceses.

Ahora es un centro didáctico sobre arquitectura y diseño.

Que nadie se eche atrás ante sus 134 escalones. No nos inventamos el número, nuestra amiga, Sandrine, tuvo a bien contarlas. Las vistas compensan el esfuerzo. Creednos. La entrada es gratuita.

3.- Kelvingrove.
Como en muchas otras ciudades, Glasgow está creciendo y si se quiere conocer su verdadera esencia y lo que está en boga, hay que moverse más allá del centro. En el oeste, se encuentra, por ejemplo, Kelvingrove.

Inaugurado en 1901, es uno de los museos más interesantes de Escocia y el parque que lo rodea es perfecto para un picnic. Es aconsejable visitarlo con tiempo y puede ser una buena propuesta en un día gris, de lluvia, en el que se busca refugio. El edificio es una joya. Esas lámparas. Ese órgano.

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Nos gustó el apartado dedicado a Mackintosh y a su esposa, Margaret Macdonald. Ella también fue una artista muy relevante dentro del movimiento Glasgow Style, durante la década de 1890. De ella, su compañero dijo que tenía genio, mientras que él solo tenía talento.

Pero si hubo una instalación que captó toda nuestra atención fue la firmada por Sophie Cave: Floating Heads. Se compone de más de 50 cabezas, creemos que es la misma, pero cuyos rasgos denotan diferentes emociones. Es hipnótica. Y con el cambio de la luz resulta fantástico.

 

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Sin olvidar que Kelvingrove alberga la archiconocida obra de Dalí: Cristo de San Juan de la Cruz. Es un lienzo controvertido que ha sido atacado en dos ocasiones, pero por fortuna, hoy sigue a la vista de quien quiera contemplarlo.

La entrada también es gratuita.

4.- Riverside Museum.
El río Clyde fue y sigue siendo clave en la vida de la ciudad. Los astilleros han vivido un lavado de cara y una buena muestra es un edificio tan espectacular como el Riverside Museum, que alberga la colección del antiguo Museo del Transporte.

No podía ser menos teniendo el sello de la afamada arquitecta egipcia Zada Hadid. En España, por ejemplo, dejó su impronta en la bodega riojana R. López de Heredia, en Haro. Que también recomendamos visitar y no solo por el buen vino. (Nos tira mucho La Rioja).

En el museo se puede visitar una recreación de las calles del Glasgow del siglo XIX, incluyendo un pub, el metro… y con numerosas referencias a los movimientos obreros que han convertido a esta ciudad en icono de la lucha por los derechos de los trabajadores.

5.- Pollock Country Park.
Se podría afirmar que Escocia es en sí misma un parque gigante. En los pueblos y ciudades existen infinidad de jardines, huertos y otros espacios verdes. Los hay más o menos grandes; y más o menos a la vista de todos. En el sur de Glasgow, por ejemplo, se encuentra Pollock Country Park.

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Es, en nuestra opinión, una maravilla para quienes disfrutan caminando y contemplando la naturaleza. Caminar, correr, ir en bici… Solos, con niños, acompañados por el perro. Es una gozada.

6.- House for an Art Lover.
Otra buena pista, situada también en las afueras, es House of an Art Lover. Es un inmueble que recrea diseños de la pareja artística formada por Mackintosh y Macdonald. No son piezas originales, pero no importa.

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La historia cuenta que, en 1901, juntos participaron en un concurso, promovido por una revista alemana de diseño. Debían proyectar una casa para los amantes del arte. Debían respetar las dimensiones de las diferentes habitaciones, las escaleras y el presupuesto.

Ellos cumplieron los requisitos, convencieron a los jueces por el colorido y singularidad de la casa, si bien, un pequeño trámite a la hora de entregar imágenes de los interiores les dejó fuera de la competición. Y su proyecto se quedó en eso: en el papel, en los planos, en los dibujos y bocetos.

Asi fue hasta que en 1989 alguien alumbró la maravillosa idea de construirlo. En 1996 abrió al público.

Un último apunte, si es la hora del almuerzo, el café ofrece un menú equilibrado (nada de fish&chips) y con un buen precio. Nosotros lo probamos y nos encantó.

#nosinmifrugo
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North Coast 500, la ruta de las Highlands (II): Ullapool-Plockton.

Hay mil maneras de viajar y mil modos de afrontar un viaje. Viajar está relacionado con la actitud que cada uno tenemos ante la vida. Viajar tiene que ver mucho con lo vivido. Viajar es subjetivo. Lo que para nosotros no merece la pena, quizá para ti suponga una gran experiencia.

En las últimas semanas nos han escrito varias personas interesadas en viajar a Escocia. Durante un año de vida en este país, hemos tenido la suerte de comprobar que merece ser recorrido de principio a fin. Fuera de las rutas turísticas guarda sorpresas maravillosas. A nosotros, por ejemplo, nos parece que la Isla de Skye está sobrevalorada o que por Inverness se puede pasar de puntillas. Es, como decimos, una opinión.

Pero bueno, vayamos al lío. Porque tenemos pendiente rematar el viaje que nos llevó por las Highlands, siguiendo la North Coast 500. Recordarlo supone, de algún modo, volver a sentarnos en nuestra VWT6, acariciar el volante, acelerar, cambiar de marchas y sumar kilómetros.

Tras el festival de folk de Ullapool, en el mismo bar en el que bebimos y escuchamos música en directo, tomamos un café para despejarnos tras pasar una noche tranquila y despertarnos mirando al mar en el camping del pueblo. En la barra, coincidimos con un señor que nos recomendó dirigirnos a Applecross. “Hacerlo por el simple placer de conducir”, nos dijo. Así que hacia allí pusimos rumbo. Él estaba en lo cierto.

Por la ruta coincidimos con atrevidos ciclistas y con apasionados del volante probando cochazos (Ferraris y Lamborghinis) a los que, por cierto, no les debía preocupar ni arañarlos, ni los bajos, ni… las carreteras de la North Coas 500 son más aptas para todoterrenos y furgos que para deportivos.

ciclistas
Nos paramos, una y otra vez, para tomar fotos y soltar un ‘esto es increíble’ detrás de otro.

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Applecross está en la península de Wester Ross. Es un municipio minúsculo al que se puede llegar recorriendo la costa por la carretera que sale de Shielding, o directamente cogiendo un desvío que sale a la derecha de la A896 tras pasar el café Bealach, que está a pie de carretera.

Nosotros no disponíamos de mucho tiempo y, siguiendo las recomendaciones de algunos lugareños, nos decantamos por la segunda opción.

Esta carretera es una de las más altas de Gran Bretaña, y son unas 11 millas (18 km) de curvas y pendientes increíbles, con unas vistas impresionantes de la bahía de Raasay y de la Isla de Skye. Aquel día lucía un sol maravilloso, pero arriba, quedaba nieve. Y la temperatura era sensiblemente inferior.

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Posiblemente sea la carretera más espectacular que hemos recorrido. También nos encantó, digamos, la meta: Applecross. Apenas son unas casitas y un pub con muy buena fama.

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applecross

Nos quedamos con las ganas de aparcar la casa, tomar asiento en la terraza y pedir una ale y algo de comer.

No lo hicimos. Eso vendría después en el lugar en el que decidimos dormir: Plockton. Porque nosotros, como dijimos en la primera entrada, no regresamos a Inverness. Es decir que no completamos la ruta circular.

Plockton es uno de nuestros rincones favoritos de Escocia. Que nadie busque grandes monumentos o edificios. Está compuesto por unas casas, un par de hoteles, un pub, una calle principal con varias palmeras y una isla diminuta justo en frente.

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Cenamos (y muy bien) en el Hotel Plockton y nos tomamos varias cervezas, gin tonics y algún Talisker en el pub del pueblo. No recordamos el nombre, pero sí que fue una noche divertida.

Desde la barra, comprobamos cómo les gusta la fiesta a los escoceses. Al fondo del local había un grupo, grande y variopinto, gente joven y más mayor. Todos bebían, bebían… La curiosidad nos pudo e interrogamos al camarero. Se trataba del tercer día de celebración de una boda. ¡El tercero!

El camarero quiso saber de qué parte de España éramos. Para resumir, respondimos que de Madrid. Y él nos explicó que su novia es de una ciudad muy pequeña llamada Teruel. Entonces le confesamos que, por sangre y por emociones, somos aragoneses. Lo freímos a preguntas para saber cómo una chica de Teruel había terminado viviendo en ese rincón tan apartado (pero bonito) de Escocia. ¡Nos encantó que dijera lo bueno que está el jamón de Teruel!

En Plockton hay un parking junto a unos baños públicos. Hay un cartel que prohibe pernoctar, pero nosotros no lo vimos hasta la mañana siguiente (ejem…) y casi podemos enterder el porqué del cartel.

Junto a nosotros aparcó una autocaravana con dos parejas y un perro. Ellos también estuvieron bebiendo en el pub, aunque no eran parte de la boda. Por la mañana, se pasearon por el parking en pijama y albornoz con toda la calma del mundo. Usaron el baño público como el de su casa, neceseres gigantes incluidos. Luego, todavía en pijama, sacaron la mesa y las sillas ocupando plazas de aparcamiento, y enlazaron un té con otro. Además, vaciaron allí mismo el depósito de aguas grises. Y nosotros: a-lu-ci-na-dos.

No, eso no está bien. Como hemos dicho otras veces, defendemos el camping libre y el derecho a pernoctar dentro de nuestra furgo allá donde esté permitido aparcar, pero no nos extraña que ante comportamientos así algunos municipios limiten las plazas para pernoctar o, directamente, lo prohiban.

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Como furgoneteros creemos que hay prácticas que nos dejan en un mal lugar. Y ésta, la de convertir un pueblito encantador en un camping, es una de ellas. ¿Qué opináis?

Ya de bajada hacia el sur, nos detuvimos en el famoso (y lleno de turistas) castillo Eilean Donan.

castillo flores árbol

castillo último día
También paramos un ratito en Loch Lomond, el lago más grande de Escocia, que nosotros hemos tenido la suerte de recorrer a pie y que recomendamos visitar. Sí, porque puestos a elegir, Loch Ness también nos parece sobrevalorado.

Pero viajar y disfrutar de la experiencia, como dijimos, es algo personal.

#nosinmifurgo
#keeprolling

North Coast 500, la ruta de las Highlands (I): Inverness-Ullapool.

Antes de contaros nuestro viaje por la North Coast 500, hemos de decir que al iniciar este blog pretendíamos publicar un artículo cada viernes. La vida y sus circunstancias son caprichosas y exigentes, y nosotros no damos más de sí. Si algo deseamos es divertirnos y compartir este otro estilo de vida, el furgonetero. Dicho esto, escribiremos sin presiones. Dicho esto, nos subimos en nuestra T6 porque, ahora sí, empieza el viaje.

Durante la primera semana de mayo recorrimos la llamada “Route 66 escocesa”. En cinco días, sumamos más de 1.700 kilómetros y disfrutamos como hacia tiempo del hecho de conducir. Apenas hicimos otra cosa que eso a lo largo de carreteras muy estrechas, llenas de curvas y de “passing place”, es decir, de pequeños huecos en los que orillarse y dejar pasar a otro vehículo. En algunos momentos, confesamos que las pasamos canutas.

Passing place
Aunque para furgoneteros habituados a viajes largos 1.700 kilómetros en 5 días no son mucho… hay que tener en cuenta que en algunos tramos de la North Coast 500 se puede tardar hasta 1 hora en recorrer poco más de 15 kilómetros. Sin duda, esta ruta se merece hacer el viaje con calma y dedicarle al menos 5 días sólo a esas 500 millas (805 kilómetros).

Conducir despacio por esas carreteras permite disfrutar de los montes típicos del país, llamados munros, de los humedales cubiertos de vegetación que los rodean y del olor de la turba que se intuye en las profundidades.

munros
Para quienes se animen a recorrer esta ruta, es muy importante prestar atención a los pasos canadienses (“Cattle grid”). Aparecen de repente, no siempre están señalizados y pasar rápido sobre ellos supone que toda la furgo empiece a vibrar escandalosamente. Y claro, hay que prestar mucha atención a todo tipo de animales que los frecuentan. Y no solo hablamos de ovejas y vacas.

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La ruta comienza y concluye en Inverness. Nosotros no regresamos al punto de partida porque vivimos en el sur del país y no contábamos con demasiados días. Tomamos un desvío y conocimos un pueblo maravilloso: Plockton. Pero esto lo contaremos en la próxima entrada; hoy nos quedamos con la primera parte del viaje.

En nuestra opinión, Inverness se merece una visita, pero sin invertir demasiado tiempo en ella. Hasta llegar allí, condujimos durante tres horas desde casa. Para dormir buscábamos un parking que nos habían recomendado nuestros colegas de The Orange Pumpkin Travels junto al río; pero era muy tarde para andar dando vueltas, así que aparcamos en el parking del “Inverness Leisure“. Es un sitio tranquilo, pero la actividad del centro comienza temprano y hay algo de movimiento (a nosotros no nos molestó). Para quienes prefieran dormir en camping, hay uno junto al “Inverness Leisure” desde el que se puede acceder fácilmente a la ciudad.

Por la mañana, visitamos la catedral, nos acercamos al castillo y callejeamos. Lo dicho, es el punto de partida pero lo bueno está por llegar, así que merece la pena ponerse en marcha.

Y así, sin prisa pero sin pausa, llegamos a uno de los puntos míticos en el recorrido: John o’ Groats. Situado en el extremo norte de las tierras altas. Es algo así como el Finisterre escocés, y multitud de personas se acercan por aquello de sentirse en el final de la tierra. Desde allí se divisan las impresionantes Islas Orkney.

El punto más septentrional de Gran Bretaña es Dunnet Head, y hasta él fuimos. Por algún extraño motivo, a uno de nosotros le hacía especial ilusión ser la persona que se encontraba más al norte de toda la isla.

casita aislada

En Dunnet Head hay un faro y restos de lo que durante la Segunda Guerra Mundial fue un campamento militar. Hoy queda una gran huella de él en forma de bunkers y polvorines.

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Recorrer la North Coast 500 brinda la oportunidad de visitar bellísimas playas.

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En una de ellas, encontramos un trozo de madera que queremos que nos ayude a recordar estos meses de vida escocesa.
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Las tierras altas están al margen del ruido y, aunque nos habían dicho que encontraríamos multitud de turistas, apenas nos encontramos con unos cuantos. La segunda noche la pasamos junto a una entrada de mar. Tras pasar el pueblo de Tongue la carretera discurre sobre un dique y, nada más cruzarlo, a la derecha sale una carretera hacia Talmine. Unos 500 metros más allá, a la derecha, hay una esplanada perfecta para aparcar y pasar la noche. Sólo un pequeño inconveniente en esa época del año… ¡los pájaros se despiertan y cantan con los primeros rayos de luz, es decir, a las 4.30 de la mañana!

dormir
Admitimos que no preparamos el viaje con antelación. En la oficina de turismo de Inverness nos entregaron un mapa y nos dejamos guiar por el consejo de diferentes personas. Por ejemplo, la dueña del restaurante The Shorehouse, justo frente a la isla de Handa, que es reserva natural y a la que se puede acceder en un barquito. En su pequeño establecimiento, disfrutamos de las cigalas que su padre había pescado esa misma mañana (no recordamos el precio exacto, pero no nos pareció caro y, en cualquier caso, se puede consultar la carta en el exterior del local).

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cigalas

Cargadas las pilas pusimos rumbo a Ullapool. Deteniéndonos aquí y allá, y conduciendo sin prisa. Claro, que las carreteras tampoco permiten pisar demasiado el acelerador.

En este pueblo costero, que no somos capaces de pronunciar y cuyas sílabas cambiamos de posición continuamente, dormimos en el único camping que existe (20£ furgo y dos personas). Muy recomendable si hay que darle un “repaso” a la furgo: dispone de puntos de electricidad, lugar de vertido de aguas grises y negras, grifos y mangueras para cargar agua, etc. Duchas y baños limpios y, algo a tener muy en cuenta en un país en el que todo cierra entre las 5 y las 6 de la tarde, si se llega cuando la recepción está cerrada se puede entrar, dormir, y al día siguiente pasar a pagar.

Una vez más la suerte estuvo de nuestro lado… y coincidimos con la celebración de un festival de folk. Así que, una vez más, nos dedicamos a recorrer los pubs del pueblo disfrutando de buena música y cerveza.

Próximamente, North Coast 500, capítulo segundo. Desde Ullapool a Plockton.

#nosinmmifurgo
#keeprolling

Los vinos que (ya) nos bebimos.

Sería absurdo titular esta entrada como ‘6 vinos furgoneteros’. No los hay más o menos adecuados porque se viaje con la casa encima, y a nosotros no nos gustan las etiquetas sin sentido. Simplemente vamos a recordar los que (ya) nos hemos bebido y disfrutado en la furgo, con nuestras copas que no son de cristal pero que lo parecen.

Solemos elegir cuidadosamente dónde aparcamos y pasamos la noche. Nos gusta dormir en lugares aislados, lejos de pueblos y ciudades, y solemos evitar los camping. Hasta la fecha, nadie ha llamado a nuestra ventana a altas horas de la madrugada y nos ha pedido que desalojáramos el lugar. Si así fuera, aceptaríamos la multa porque, posiblemente, no podríamos conducir. Nos gusta beber y cenar con calma, pero no admitimos ni una sola gota de alcohol al volante.

En Escocia, el precio de los vinos es elevado. Y la calidad no suele acompañar. El más popular es uno de Chile llamado Casillero del Diablo. El anuncio televisivo da tanto miedo como la resaca que se sufre. Sí, damos fe de ello.

En agosto llegamos cargados de vino, pero no fue suficiente, así que de Navidad regresamos, entonces sí, con tres cajas. Tampoco ha sido suficiente. Desde hace unos días, estamos en crisis porque las reservas se acaban. De hecho, ya no nos queda vino tinto y eso no nos gusta nada. Ah, y solo tenemos una cuña de nuestro queso favorito. Abrimos la nevera, la miramos una y otra vez y nos resistimos a probarla.

Hoy recordamos algunas etiquetas que nos han hecho felices. Muy felices.

  • Cepa 21 

Nos gustan (y mucho) los vinos de Bodegas Cepa 21, situadas en Castrillo de Duero, en Valladolid. Al frente de este sólido proyecto, se encuentra José Moro, presidente también de Bodegas Emilio Moro. Nos quedamos con este monovarietal de Tinta Fina, fresco, equilibrado y muy apetecible.

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  • Finca Valdelroble

Con la familia Callejo nos une amistad. Así lo quiso aquel Camino de Santiago que recorrimos juntos en agosto de 2009. Admiramos su trabajo y proyección, y siempre es buen momento para abrir uno de sus vinos, que producen en Ribera de Duero y que tienen mucho qué decir. Por ejemplo, Finca Valdelroble.

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  • Lalama

De la bodega gallega Dominio do Bibei nos convence todo. Su forma de creer en la tierra, su forma de crear y, por supuesto, sus vinAZOS. Todos los que hemos probado son elegantes, exquisitos y equilibrados.

Lo son gracias al suelo, al viento, al sol y a todos los elementos que confluyen en Ribeira Sacra. Lo son, cómo no, gracias a las personas que están detrás, que se empeñan en dar lo mejor de las vides y de sí mismos.

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Joyas como Lalama demuestran que en Galicia los tintos se expresan con un lenguaje propio y que su calidad no admite dudas. Pero no dejemos a un lado los blancos de esta bodega. Llamados Lapena y Lapola son perfectos para esos momentos que, aún siendo pura cotidianidad, pueden convertirse en únicos.

Si hablamos de estilo, el de Vintae también nos convence. La lista es larga y muy interesante, pero nos quedamos con dos.

  • El Pícaro, Matsu

Seamos sinceros: nosotros también sufrimos la influencia de la imagen. Con frecuencia, con mucha frecuencia, en la elección de uno u otro vino es determinante la etiqueta. Si además, tienen una historia, razón de más para llevárnoslo a la furgo.

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El Pícaro nos gustó desde el primer momento, mucho antes de probarlo. Sumó puntos el hecho de proceder de Toro, una de nuestras zonas vitivinícolas favoritas. Elaborado con Tinta de Toro es suave, con personalidad y sin la potencia que acompaña a los vinos de allí. Es, digamos, más fácil.

  • Hacienda López de Haro

Aunque estamos estrechamente vinculados a La Rioja, descubrimos esta etiqueta en Menorca. Fue en un restaurante que no nos cansamos de recomendar, Ses Forquilles, en Mahón. A partir de esa noche (tan divertida y deliciosa), no hemos dejado de comprar este vino.

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Cualquiera de las tres etiquetas es fácil, rica y con un precio que las hace todavía más atractivas.

  • Viura Muro

También de La Rioja, pero en este caso es un blanco. Pertenece a Bodegas Miguel Ángel Muro y es un monovarietal de uva Viura. Es fresco y muy resultón. Precisamente porque no es complejo, va bien con cualquier bocado. Es perfecto, por ejemplo, en el aperitivo. Cuando ya hemos llegado, aparcado y nos hemos puesto cómodos, entonces abrimos una botella, nos servimos una copa y picamos algo.

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Preferimos comprar en pequeñas tiendas y disfrutamos mucho conversando con el tendero de turno y escuchando cuáles son sus vinos favoritos. Si bien, existen dos direcciones online que recomendamos cuando se trata de comprar vino de calidad. Nos referimos a La Vinoteca online y a Lavinia, esta última también con tienda física en Madrid, en la calle Ortega y Gasset.

Lo dicho, si alguna noche alguien llama a nuestra ventana y nos pide desalojar… Asumiremos la multa. Seguramente hayamos bebido y no solo una copa de (buen) vino.

#nosinmifurgo
#keeprolling

Sobre viajar.

Nos gusta viajar. Nos encanta.

En nuestras cabezas siempre hay nuevos destinos. Y siempre recordamos las experiencias que ya vivimos.

Cuando todavía no hemos regresado del último viaje, repetimos en voz alta un deseo: ‘Ojalá pudiéramos pasar el resto de nuestras vidas viajando’. Aunque uno de nosotros añade la nota de realidad (o rompe el ensueño) y afirma: ‘Bueno, en casa también se está muy bien’.

Decimos todo esto porque nos han invitado a compartir en este espacio algunas reflexiones sobre uno de nuestros verbos favoritos: viajar.

La propuesta ha llegado de los creadores del blog Golondrinas viajeras, quienes nos han nominado a los Liebstar Awards y nosotros, agradecidos y encantados, continuamos con la cadena. Antes de seguir, pedimos disculpas por el retraso en publicar esta entrada, pero la vida con sus días de 24 horas da para lo que da.

Ellos nos han preguntado:

1. ¿Cuál ha sido la experiencia más positiva que habéis tenido gracias al blog? 

Iniciamos el blog hace unos meses. Llevábamos tiempo dándole vueltas a la idea hasta que una noche de viernes, nos tomamos una (o dos) copas de vino y nos liamos la manta a la cabeza. Lo diseñamos y empezamos a darle a la tecla reviviendo nuestras mejores experiencias. ¡Nos fuimos a la cama a altas horas de la madrugada!

Uno de nosotros es periodista de modo que el oficio ayuda en esto de producir nuevos contenidos.

A pesar de llevar poco tiempo ‘en órbita’, gracias al blog, hemos conocido a otros furgoneteros con interesantes contenidos. Ahora vivimos en Escocia, pero en unos meses estaremos de vuelta en España y nos gustaría participar del movimiento ‘Camper life’ que se está desarrollando.

2. ¿Cómo os habéis visto afectados por el blog en vuestra vida?

Como decíamos, gracias al blog, han contactado y hemos entrado en contacto con otras personas que aman viajar con la casa a cuestas. Es decir, en furgoneta. Además, hemos conocido (de momento, on line) a españoles que también viven fuera de nuestro país. En cierto sentido, nos hemos sentido acompañados.

3. ¿Por qué decidisteis abrir un blog?

Somos unos suertudos y en nuestras vidas (juntos y por separado) hemos viajado muchísimo. Y no solo en furgoneta. Pero confesamos que en nuestra T6 somos tremendamente felices. Podemos elegir atardeceres y amaneceres que ningún hotel nos ha brindado hasta la fecha. Queríamos compartir nuestro estilo de viaje.

4. ¿Qué queréis transmitir a vuestros lectores?

Que viajar siempre funciona. Siempre.

5. ¿Cuál ha sido el viaje qué más os ha marcado y por qué?

Nos encanta Cabo de Gata. De hecho, acariciamos el sueño de tener una casa allí y la furgoneta, claro, aparcada en la puerta para seguir escapándonos. Soñamos con montar un hotelito y recibir a huéspedes y amigos.

Por otro lado, uno de nosotros hace muchos, muchos años, viajó en furgo
con otras 8 personas por Marruecos y aquella experiencia fue inolvidable. Desde hace tiempo, queremos repetirlo juntos y en nuestra T6.

Sin olvidar que nuestro viaje de novios fue un tanto atípico y fue un roadtrip en toda regla. Comenzamos en Cáceres y terminamos en Albarracín, Teruel. Después de tantos kilómetros, nuestro pobre coche acabó agotado…

6. ¿Qué y/o quiénes os inspiran para seguir haciendo lo que hacéis?

Somos por naturaleza muy disfrutones. Nos inspira la naturaleza, la luz, un atardecer, una buena cerveza, un trocito de buen queso…

7. ¿Qué significa para ti viajar?

Evasión, aprendizaje, recarga de baterías… por ejemplo.

8. ¿Cuál es el destino que más se te está resistiendo?

En este momento de nuestra vida, no realizamos grandes viajes y como vamos un poquito deprisa, no pensamos demasiado en los destinos. Improvisamos y optamos por lo viable. Así que… ¡Nada de resistencia por el momento!

9. ¿Tenéis alguna acción/rutina que hagáis siempre indiferentemente de dónde os encontréis?

Llevar la nevera cargada de cerveza, algún buen vino, queso y pan rico. Y no olvidar nunca la cámara de fotos y la crema para el sol.

10. ¿Cuál ha sido vuestro momento más transformador / inspirador?

Solemos fijarnos mucho en la luz. Ahora residimos en Escocia, en el sur, y es espectacular. En los meses de otoño e invierno significa oscuridad, pero ahora, amanece a las 4 de la mañana y, cada día, suelen darse momentos de luz mágica. Entonces solemos quedarnos en silencio. Sin palabras.

11. ¿Hay algún destino al que no irías nunca jamás o evitarías ir?

Cualquier viaje merece la pena aunque sea aquí al lado…

El siguiente paso es nominar, al menos, a cinco blogs de viajes que nos interesen. Aquí está nuestra nómina:

Su autora vive en Edimburgo y, aunque no nos conocemos, nos seguimos los pasos a través de las redes sociales. Nos encantaría tomar un café con ella la próxima vez que nos dejemos caer por la capital.

Dimos con este blog por sus interesantes contenidos sobre Escocia. Ahora, sus autores han cambiado de escenario y residen en Nueva York. Y a nosotros esa ciudad no nos puede gustar más. Envidia de la mala es lo que sentimos al leer su bitácora…

Porque sus creadores comparten nuestra filosofía furgonetera. No solo se trata de compartir los destinos más increíbles, también es importante hacer hincapié en el estilo de viaje que implica una furgoneta y en aquellos gestos que demuestran que somos cívicos. Ellos tienen muy claro el decálago del buen furgonetero. Y nosotros no podemos estar más de acuerdo.

Otra lectura altamente recomendable para quienes viajamos en furgo.

Bueno, no es un blog pequeño. Sí, muy cuidado pero sabemos que es seguido por muchísimos lectores. Lo elegimos porque conocemos a la persona que está detrás, nos encanta su sensibilidad a la hora de escribir sobre cualquier asunto y porque nos hace soñar con hoteles, piscinas, bañeras, sábanas y rincones maravillosos. Por todo eso y por mucho más: ¡Nominada!

Por último, lanzamos nuestra preguntas para quienes se animen a continuar con la cadena:

 

  1. ¿Eres capaz de guardar para ti tus mejores destinos y momentos viajeros o sientes la necesidad de compartirlo todo en las redes sociales?
  2. ¿Cuál es el lugar más especial que has descubierto a la vuelta de la esquina?
  3. ¿Y el más lejano?
  4. Si te pierdes, ¿dónde te encontraremos?
  5. Un atardecer o amanecer que no puedes olvidar…
  6. ¿Dónde tomaste ese vino, esa cerveza o ese desayuno que pertenece a tu galería de mejores recuerdos?

 

¡Y ahora a seguir viajando, escribiendo y compartiendo!

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#keeprolling